¡Confiamos en Brasil y en los brasileños y brasileñas!

 


No sólo los brasileños y brasileñas están sorprendidos por las constantes revelaciones sobre las profundas y extensas relaciones de financiamiento de ciertos grupos privados a muchos de los partidos y líderes políticos brasileños. De la misma manera nos sentimos todos los que acompañaron y colaboraron con los grandes y sólidos avances en derechos sociales, ambientales y políticos que el país conquistó en los últimos años.

Que esas conquistas se vean en riesgo por la violación de la necesaria independencia de intereses entre el mundo de la política y el mundo de la iniciativa privada es una alerta para todas las democracias de nuestro continente.

Todas las organizaciones que en América Latina estamos comprometidas con el desarrollo sostenible, inclusivo y justo apoyamos a los brasileños y brasileñas en la construcción de nuevos modelos que muestren la viabilidad de una práctica política  que sea de hecho participativa, transparente, inclusiva y justa.

Pero, especialmente, confiamos en que las organizaciones brasileñas asegurarán que el ejercicio de la política esté efectivamente orientado y controlado por reglas democráticas e instituciones sólidamente ancladas en la Constitución ciudadana de 1988 y en la estructura legal que ampara el funcionamiento del Estado de Derecho en el país. Nada menos que eso es aceptable para un Brasil que ha enfrentado históricamente con coraje y creatividad, la desigualdad, la pobreza extrema, la deforestación, la violencia, entre tantos otros graves desafíos

Deben ser fortalecidas las estructuras y los mecanismos institucionales que velan por la licitud de las prácticas públicas y privadas, para que investiguen profundamente y de acuerdo con la ley los crímenes cometidos, que penalicen a los responsables, sin importar quienes sean ni dónde estén. Que se fortalezca la reflexión nacional sobre la legitimidad de la permanencia en el poder, que deriva necesariamente del origen del mandato público y de la actuación de la que fue investido. Gran cantidad de lecciones  de la historia reciente de América Latina nos muestran los efectos de criminalizar y reprimir el derecho universal a la manifestación, al revés de canalizarlo a través de mecanismos de debate y deliberación públicas.

De ese proceso, deben resultar tanto el perfeccionamiento de las normativas legales y administrativas, cuanto una mayor cohesión del tejido social nacional, necesarios para prevenir violaciones históricas de las reglas de juego político-democrático que penalizan solamente a los más vulnerables.

En este momento, junto al Instituto Ethos y otras organizaciones de los sectores público, privado y de la sociedad civil organizada, Fundación Avina co-crea el diseño participativo de un sistema de Integridad para Brasil, propositivo en la mejora de los procesos democráticos y republicanos de planeamiento e implementación de políticas públicas, consolidando avances y corrigiendo los numerosos vicios de una cultura clientelista y oportunista que todavía conforma muchas dimensiones del sistema político del país.

El mismo tipo de ejemplo surge de los numerosos procesos de innovación política que tienen lugar en Brasil y en toda América Latina, protagonizados por jóvenes que quieren recuperar la promesa democrática bajo otras premisas, otras prácticas y otros valores.  Lejos de la anti-política, hablan sobre cómo recuperar la política.

En la Fundación Avina, comprendemos que éste es uno de los momentos más críticos – una oportunidad sin igual –  para un renovador pacto entre lo más de 210 millones de brasileños y brasileñas en torno a un proyecto de país que asegure, de hecho, esperanza, ingresos, inclusión, voz, educación, salud, medio ambiente y bienes públicos a todos y todas.

¡Nosotros y toda América Latina queremos el Brasil innovador y creativo que siempre nos inspiró!

 

 

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