Impacta en los medios articulación de ciudades

 

Ciudadanos en acción
Zanquistas invadieron las calles de Bariloche para convocar a un foro ciudadano. Foto LA NACIONVer más fotos

Delincuencia, narcotráfico, inseguridad, pobreza, contaminación, corrupción? Estos son algunos de los atributos que el imaginario colectivo aplica a las ciudades latinoamericanas. Y si bien es cierto que el hecho de que el 75% de las personas de esta región viva en contextos urbanos genera serios problemas de concentración de la población, de carencias en el acceso a servicios de infraestructura básica, de migraciones y de índices de desigualdad social, también vale destacar que existen movimientos ciudadanos que se comprometen con esta realidad social y están consiguiendo logros revolucionarios: ciudades en las que los gobiernos tienen diagnósticos precisos y transparentes sobre la calidad de vida del pueblo, en las que las autoridades presentan metas de gobierno cuantificables y periódicas, en las que los ciudadanos se organizan para realizar un seguimiento de la gestión y generar propuestas de mejora en las políticas públicas.

Lejos de ser una utopía, este espíritu es el que poco a poco se consigue respirar en 37 ciudades de la Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú y Uruguay, que además de integrar la Red Latinoamericana de Ciudades Justas y Sustentables, todos los días luchan por personificar una democracia más participativa.

Lideradas por Bogotá, que en 1997 lanzó su programa Bogotá Cómo Vamos -con la idea de llevar a las administraciones a rendir cuentas en términos comparables en el tiempo en aspectos relevantes de la calidad de vida-, diferentes iniciativas nacieron en todo el territorio para generar una masa crítica articulada de auditorías ciudadanas.

“Estos movimientos quieren empezar a pensar una ciudad entre todos. El primer paso es generar información objetiva en función a indicadores que permiten tener una foto de la ciudad que existe para empezar a pensar la ciudad que queremos ser. Esto sólo es posible mediante una articulación entre distintos actores de la ciudad”, explicó Marcela Mondino, gerente de programa de Avina, organización que desde 2007 apoya el movimiento de Ciudades Sustentables en el continente.

Algunos surgieron desde la sociedad civil, otros desde el empresariado y los menos directamente desde la ciudadanía. Pero más allá de su génesis, todos concentraron sus energías en el mismo objetivo común: lograr fundir las necesidades reales de la población con las políticas de gobierno.

Esto se consigue mediante estrategias que abarcan herramientas como el Plan de Metas, encuestas de percepción ciudadana, grupos de trabajo integrados por organizaciones sociales y particulares, y un observatorio nutrido con indicadores de calidad de vida.

La consigna es simple: hacer un diagnóstico de la situación social del territorio, medir la percepción ciudadana sobre cuáles son los principales problemas por resolver, comprometer a las autoridades a presentar un plan de gobierno y, por último, realizar un monitoreo de la gestión.

En la Argentina, con diferentes perfiles y estadios de avance son seis las iniciativas ciudadanas que cuentan con movimientos orientados a mejorar la calidad de vida de los vecinos y que están movilizando a la ciudadanía, las empresas, la sociedad civil y los medios de comunicación a que todos juntos se hagan cargo de la cosa pública: Nuestra Córdoba, Nuestra Mendoza, Nuestra Buenos Aires, Bariloche 2100, Rosario Sustentable y la recientemente lanzada San Martín de los Andes Cómo Vamos.

Las ciudades de Maipú, Mendoza y Córdoba -en ese orden- fueron las primeras en conseguir en mayo último aprobar la ordenanza del Plan de Metas, que exigirá al candidato que asuma la Intendencia en las próximas elecciones presentar un detallado plan de gobierno y de metas de gestión para ejecutar durante cuatro años. “Empezamos a través del Plan de Metas porque tenemos muy pocos espacios de participación ciudadana. Como Mendoza no tiene trabajo ciudadano de campo decidimos empezar por el posicionamiento político. A partir de este proyecto se juntaron las organizaciones sociales, las empresas y los medios de comunicación”, contó Nicolás Piazza, representante de la iniciativa.

Por su parte, Nuestra Buenos Aires ya tiene online un observatorio urbano que da cuenta de los indicadores de calidad de vida en cuatro áreas: educación, salud, vivienda y hábitat. Allí, cualquiera puede comparar la información por comunas y hacerse una idea de cuáles son las zonas más críticas de la ciudad. “Muchas veces la información está escondida, no disponible o fragmentada. Por eso realizamos un sondeo de la información pública existente y la tradujimos en indicadores sociales para que lleguen a toda la gente”, dijo Ignacio Zervino, director ejecutivo del movimiento.

El caso de Bariloche 2100 resulta por demás interesante, ya que surge de los propios vecinos y no está configurado a través de organizaciones sociales. “Desde este movimiento generamos espacios de diálogo entre personas que normalmente jamás hubieran intercambiado ideas. Nuestro objetivo central es generar un cambio de conciencia para aumentar los niveles de participación ciudadana”, agregó Mario Verona, uno de los integrantes de la iniciativa.

Rosario se caracteriza por ser una ciudad con una larga tradición participativa, lo que ha generado una profunda interacción entre la sociedad civil y las autoridades. “Uno aprende en este intercambio a disentir y a consensuar. El que no logra la mayoría tiene que aprender que también se construye perdiendo”, expresó Esteban Hernández, con la esperanza de poder formalizar el proyecto de ordenanza que se está discutiendo en la Legislatura.

No hay recetas, sólo aprendizajes conjuntos. Desde estas iniciativas invitan a otras ciudades a sumarse al movimiento y dejan en claro que no se trata de reemplazar roles, sino de sumar miradas y voluntades para construir, entre todos, la mejor ciudad posible.

Por Micaela Urdinez
Fundación LA NACION

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