El espejo de Brasil no es la primavera árabe sino la brecha Huntington

 

Entre los años 2011 y 2012, el mundo árabe conmovió al resto del mundo. Una serie de alzamientos populares contra gobiernos totalitarios, fraudulentos o autoritarios, generalmente corruptos, terminaron con las gestiones de cuatro mandatarios, todos ellos hombres que acumulaban 130 años de poder ininterrumpido. En Túnez, Zine El Abidine Ben Ali, fue presidente desde 1987 hasta el 14-01-2011. En Egipto, Hosni Mubarak presidió el país desde octubre de 1981 hasta el 11-02-2011. En Libia, Muamar el Gadafi condujo la nación entre setiembre 1969 y el 20-10-2011. En Yemen, Alí Abdullah Saleh gobernó Yemen del Norte a partir de 1978 hasta su unificación en 1990 y luego, Yemen unificada entre mayo de 1990 y el 25-02-2012. En estas manifestaciones de repudio se produjeron 223 muertes en Túnez, 846 en Egipto, se calculan entre 30 mil y 50 mil muertes en Libia y 1870 en Yemen.

El origen de la primavera árabe se localiza en Túnez, cuando Mohamed Bouazizi, un joven vendedor ambulante de 26 años, se quemó a lo bonzo el 17 de diciembre de 2010 como señal de protesta contra la pobreza y la violencia policial. A partir de su fallecimiento el 4 de enero de 2011 como consecuencia de las quemaduras, se desató una ola de protestas en todo el país que terminó con la caída del gobierno de Ben Ali diez días después, el 14 de enero. Luego, las manifestaciones se expandirían a la mayoría de los países del norte africano.

Los movimientos se generaron con el objetivo de terminar con regímenes encarnados en gobernantes que se habían eternizado en el poder, pero no necesariamente se reclamaba la instauración de democracias como las que rigen la mayoría de los países de occidente. En las naciones del norte de África, pesa la identidad de familia, religión y aldea más que la de estado nación y el islam es entendido como fe y no como política, es interpretado como un código de vida para el creyente y no como un código legal.

Brasil

En cambio, en Brasil las manifestaciones no son alzamientos contra un gobernante específico sino que consisten en protestas para exigir mejor gestión y transparencia de gobierno y más democracia y fortalecimiento del estado nación. En Brasil sí tiene peso la identidad nacional y la religión no es determinante en el ordenamiento político-social.

Una diferencia importante es que Brasil no es liderado por hombres añosos que acumulan decenas de años en el gobierno, sino que su presidente es una mujer democrática en la plenitud de su edad, elegida hace tres años. Sin duda ello influyó en que si bien, la primera reacción del gobierno fue enviar a las fuerzas de seguridad a reprimir a los manifestantes con un saldo en los disturbios de seis personas muertas –la mayoría producto de accidentes no vinculados con el accionar directo de la policía-, inmediatamente los reclamos fueron canalizados por la propia presidente, por algunos alcaldes y gobernadores y por el Congreso, con propuestas de disminución de precios del transporte público, leyes que responsabilizan a las personas jurídicas involucradas en corrupción y otras iniciativas que hace mucho esperaban tratamiento legislativo. Inclusive el ex presidente Lula sostuvo que “las protestas en Brasil son sanas” porque dan cuenta de una sociedad que “ha descubierto que sí es posible aspirar a más”.

El economista André Lara Resende definió con el concepto de “insatisfacción difusa” el motivo que desató las protestas, reflejada en la crisis de representación y en la distancia que existe entre el proyecto de estado y los deseos de la sociedad. Otro motivo de peso es la carga fiscal que soporta la sociedad no se refleja en prestaciones de servicios. Esa carga fiscal pasó de menos de 15% de la renta nacional a principios de los años 1950, a alrededor de 25% entre los años 1970 a 1990, para trepar a la actual del 36% tras la estabilización de la inflación. Esta realidad puede que haya influido para que una protesta contra el aumento de la tarifa del transporte, iniciada en agosto de 2012 en la ciudad de Natal por el Movimiento Passe Livre, haya escalado de manera espontánea desde las redes sociales hasta convertirse en una protesta nacional y multitudinaria.
También se puso de manifiesto en la protesta de Brasil, que pese a las mejoras sociales de los últimos años que lograron incluir en los sectores de clase media a 40 millones de personas, el país continúa siendo uno de los más inequitativos del planeta y pese a ello, se embarcó en invertir casi 30 mil millones de Reales en obras de infraestructura para el mundial de fútbol cuando existen otras prioridades ligadas a mejoras de servicios básicos y ayuda social.

Desafíos para la sociedad civil: Reducir la brecha de Huntington

El politólogo Samuel Huntington, elaboró la teoría de la brecha político-social que puede aplicarse a la actualidad de Brasil. Huntington hacía referencia a la brecha que se genera cuando en las sociedades que experimentan transformaciones rápidas, la demanda de servicios públicos crece a mayor velocidad que la capacidad de los gobiernos para satisfacerla, movilizando a cuerpos sociales –por lo general clase media- a promover reclamos y asumir mayor participación política. Frente a esta situación, el sistema político no logra adaptarse con la suficiente rapidez.

En el marco de una sociedad civil movilizada como la de Brasil, la brecha Huntington es una oportunidad para que la sociedad civil, que ya lideró la viralización de los reclamos en el espacio virtual de las redes sociales y que ya logró marcado protagonismo en las protestas multitudinarias que ganaron el espacio público, pueda organizarse para continuar visibilizando, ya no reclamos, sino soluciones.

Si bien la iniciativa lanzada por la presidenta de impulsar un plebiscito fue abandonada a la segunda semana de propuesta, está abierta la instancia para discutir la reforma del sistema político. Desde la sociedad civil se conformó una coalición para llevar adelante una iniciativa popular que defina el contenido a ser presentado ante los parlamentarios.
Es justamente la brecha Huntington la que describe el problema –incapacidad del estado para satisfacer la demanda de servicios públicos- al cual la sociedad civil debe ofrecerle soluciones. Soluciones que requieren de una organización social que siga reclamando por mejor institucionalidad, pero que al mismo tiempo proyecte su protagonismo planteando soluciones en el plano de la gestión.

Así como los gobiernos no anticiparon la escalada virtual ni las manifestaciones espontaneas en los espacios públicos, según la brecha Huntington, tampoco están en condiciones de anticiparse en gestionar soluciones en el marco de los servicios públicos reclamados por la sociedad.

Es entonces la oportunidad para que la sociedad civil que ya instaló el reclamo y forzó una agenda de soluciones, ofrezca todas sus capacidades para ofrecerle a los gobiernos locales, estaduales y nacional, las herramientas de gestión y las políticas públicas que numerosas organizaciones sociales vienen implementando en una escala limitada. Es la oportunidad para que una estrategia articulada introduzca el saber de la sociedad civil en las políticas de estado para que las soluciones que llegan a unos pocos se conviertan en políticas públicas de escala y de acceso universal.

Es fundamental conformar una masa crítica que reúna el perfil de los manifestantes autoconvocados en las redes sociales, que es mayoritariamente joven, predominantemente de clase media, y por lo general, con estudios secundarios terminados o universitarios en curso, para unirlos con los referentes y militantes de organizaciones sociales estructuradas, especializadas en temáticas particulares y con experiencia en impulsar programas en la comunidad. Construir un espacio donde lo joven signifique lo nuevo, donde en un liderazgo autorregulado, importen más los roles colectivos que las jerarquías individuales, donde el espacio ocupado hasta ahora por la espontaneidad y el reclamo combine organización y gestión de soluciones.

El desafío entonces sería convertir a la Brecha Huntington en una estrategia que lleve la anticipación de la sociedad civil, que fue el factor de incidencia en los espacios virtual y público, a los espacios de la gestión pública estatal.

Para más información, escribir a: incontext@avina.net

Envío N° 12

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Fuentes

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