Latinoamérica, igualada por la desigualdad

 

La desigualdad es una característica distintiva de Latinoamérica. A pesar de los avances en algunos países, nuestra región sigue siendo hasta hoy una de las más inequitativas de la Tierra. Según el indicador de desigualdad más generalizado, el Coeficiente de Gini, 5 de los 10 países más desiguales del mundo se encuentran en América Latina. Incluso los países más equitativos de la región tienden a ser más desiguales que los más desiguales de Europa. Esta es quizás la mayor amenaza a la sostenibilidad de las naciones latinoamericanas.

En los últimos 15 años, la desigualdad ha disminuido, pero no de manera sustancial. Se estima que, en promedio, la inequidad en la América Latina ha caído de 55,5% a 52,7%. Esta mejora se extiende a la mitad de los países, incluyendo a los dos más afectados por la desigualdad: Brasil y México. Aunque de alcance limitado, este progreso es bienvenido en una región con desigualdad históricamente alta y arraigada en su pasado colonial. Sin embargo, países tradicionalmente más equitativos, como Venezuela, Costa Rica y Uruguay, han registrado un estancamiento o incluso un retroceso en este indicador.

Desigualdad no implica solamente desproporción en los niveles de ingreso, si bien esta es una de sus principales formas. Se produce por falta de oportunidades, por falta de vínculos con otras personas y grupos que comparten nuestras mismas necesidades y preocupaciones, y por falta de capacidad de reclamo antes quienes tienen el poder para corregir las asimetrías sociales.

La desigualdad se agudiza cuando la disponibilidad o el goce de un bien o servicio público excluye a una parte de la población, o su calidad varía según quien lo utiliza. En Latinoamérica, por citar un ejemplo, hemos aceptado como natural que haya una calidad educativa para los niños y jóvenes que van a establecimientos privados y otra calidad para los alumnos de los establecimientos estatales.

Pero, ¿cómo se vive y percibe la desigualdad en el día a día? ¿Qué efectos tiene? ¿Cómo se origina? y sobretodo: ¿Cómo se reduce? Estas y otras consultas fueron recogidas por una encuesta de percepción ciudadana sobre la desigualdad urbana realizada en 10 ciudades de la región: Asunción, Bogotá, Córdoba, Guadalajara, Lima, Montevideo, Quito, San Pablo, Santa Cruz y Valparaíso. El estudio, realizado en 2012, fue coordinado por la organización Jalisco Cómo Vamos, con la participación de la Red Latinoamericana por Ciudades y Territorios Justos, Democráticos y Sustentables, y el apoyo de ONU-HABITAT, el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) y Avina.

A continuación, presentamos algunos de los principales análisis generados por esta investigación, cuyos resultados fueron presentados recientemente en Santa Marta, Colombia y cuya publicación completa de resultados se realizará en breve en http://www.desigualdadsocial.org.

La desigualdad urbana percibida por los latinoamericanos

El presente y el futuro de la desigualdad: Cuando se consultó a los participantes, la mayoría de ellos (61%) percibió que el nivel actual de desigualdad es Alto o Muy Alto. La percepción varía de una ciudad a otra, pero se destacan Asunción y San Pablo, donde los valores combinados representan al 76% de los encuestados. En el extremo opuesto, en Santa Cruz y Quito la suma de ambas percepciones cae a 36% y 40% respectivamente.

Cuando se inquirió acerca del futuro de la desigualdad, en todas las ciudades (salvo Córdoba) hay un amplio consenso que la situación empeorará.

Causas de la Desigualdad: Consultados acerca de las causas, los ciudadanos exhibieron distintas percepciones, pero sin lugar a dudas la desigualdad se asocia principalmente a la vivienda deficitaria y su ubicación física, en sitios de baja o nula infraestructura y al mismo tiempo, los barrios cerrados en los que se aíslan los sectores de mayores recursos.

Instituciones que reducen la desigualdad: Para los habitantes de las ciudades latinoamericanas, los gobiernos (nacionales, estatales y municipales) son las principales instituciones capaces de incidir en la desigualdad. Destaca particularmente el caso de Asunción, donde el 58% de los encuestados centran sus esperanzas en el gobierno. Debe mencionarse la baja capacidad de incidencia que los encuestados otorgan a las escuelas y universidades.

No obstante, cuando se consulta acerca de las acciones paliativas que deben tomar las instituciones para reducir la desigualdad, aparece en primer término la educación, seguida -muy de lejos- por modificaciones al sistema impositivo y el otorgamiento de subsidios.

De los cientos de análisis que pueden desprenderse de este estudio, resulta significativo resaltar una combinación de datos que describe el problema pero al mismo tiempo, ofrece uno de los caminos para encontrar las soluciones.

En la encuesta surge que las causas de la inequidad se asocian principalmente a la calidad de las viviendas, la zonificación periférica y la baja o nula organización e infraestructura urbana de la que disponen los segmentos más vulnerables y casi con la misma relevancia, los barrios cerrados en los que se refugian y aíslan los sectores más pudientes de la sociedad. Este fenómeno de barriadas pobres y barrios ricos compartiendo un mismo territorio en condiciones de gigantescas asimetrías responde a una lógica urbana de insularización, donde ante la imposibilidad de localizar a la pobreza en la periferia de las urbes –como sucedía hasta la década del ‘80-, se crean zonas de falsa convivencia, pues si bien ricos y pobres comparten un mismo espacio, permanecen aislados, con nulo contacto entre ambos segmentos. Esta convivencia genera el riesgo de naturalizar la pobreza, aceptando situaciones –como los recicladores revolviendo la basura- que degradan a la persona en su dignidad humana.

El otro dato significativo vinculado a éste, es que los encuestados no perciben que la solución a la desigualdad provenga de generar mejor acceso a la vivienda sino a la educación. Este dato confirma la imperiosa necesidad que tienen las sociedades latinoamericanas de fortalecer a la educación como el bien público que mejor garantiza el acceso a las oportunidades, pues la inequidad no se refleja en el saldo de una cuenta bancaria sino en la cantidad y calidad de opciones que tiene una persona de acceder a oportunidades que le garanticen dignidad humana. La educación, en la medida en que no sea recibida en igual cantidad y calidad por todos los sectores de la sociedad, se aleja del concepto de bien público que achica brechas sociales y se acerca a la definición de un servicio privado que aumenta la asimetría social.

Estos resultados muestran la convicción de los latinoamericanos acerca de la importancia de lo público. Por un lado, se percibe que las brechas sociales solo se cerrarán con reformas de largo plazo, como la educativa, que impacten en un mejor acceso a competencias y oportunidades para todos. Por otra parte, se le asigna al Estado un rol preponderante en la reducción de la desigualdad. Ello no implica un monopolio del Estado sobre lo público pero sí el reconocimiento de que queda bajo su responsabilidad coordinar los esfuerzos de los distintos actores sociales para que se garanticen más y mejores bienes y servicios públicos para la sociedad.

Para más información, escribir a: incontext@avina.net

Envío N° 15

Licencia Creative Commons
Este obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 3.0 Unported

Fuentes

Aviso legal: El contenido de este informe no representa la posición institucional de la Fundación Avina sobre los temas abordados. Cuando sea necesario explicitar posiciones institucionales de la Fundación Avina, se las identificará expresamente junto a la fuente correspondiente.

Compartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en Google+