Índice de Paz Mundial: en Latinoamérica, la paloma está en la mira

 

La séptima edición del  Índice de  Paz  Mundial 2013 (GPI – Global Peace Index) que elabora  el Instituto para la Economía y la Paz, presenta un ranking de las naciones según el nivel de paz existente en cada país. La paz es medida por el GPI mediante 22 indicadores cualitativos y cuantitativos los cuales se categorizan en tres grandes dimensiones: el nivel de seguridad de los ciudadanos, los conflictos domésticos e internacionales del país y el grado de militarización del país.

La paz a nivel mundial

La figura 1 muestra un infográfico que representa el estado de Paz de los países a través de colores. A simple vista podemos observar que la región más pacífica del mundo actualmente es Europa, esto debido a que muchos de sus países tienen democracias consolidadas y existen pocos conflictos internacionales. Lo mismo ocurre con Norteamérica, cuyo nivel de paz es igualmente elevado, pero cabe destacar que Canadá es uno de los países mejor rankeados en el índice, su posición es la 8 y eleva el promedio de la región.

En el otro extremo, con índices de paz realmente alarmantes, se encuentran Rusia, Eurasia, el norte de África y el sur de Asia.

Situación de Latinoamérica y el Caribe

Comparado con los informes del GPI de años anteriores, el índice de paz en la región correspondiente al año 2013 no ha variado sustantivamente. Si bien la mayoría de los países mantiene su posición en el ranking en relación a mediciones precedentes,  es notoria la tendencia negativa en sus tasas de cambio, dado que ocho son los  estados con tendencia en baja  frente a sólo dos  que mantienen su proyección en positivo.

Los países sudamericanos que sufrieron movimientos en su escala fueron Perú, por un incremento en los homicidios, Paraguay por la crisis institucional por destitución del presidente Lugo y Argentina por sus problemas económicos con sus vecinos Uruguay y Brasil. Por otro lado, y de forma reiterativa,  los conflictos armados internos y externos de Colombia lo desplazan hasta la última posición del ranking sudamericano por más que su tasa de cambio es ligeramente positiva.

Mientras tanto, en los países de Centroamérica y el Caribe se ha experimentado una baja generalizada de los índices de paz en comparación a Sudamérica. Los constantes enfrentamientos y la violencia provocada por causa de los narcotraficantes en México fueron la principal causante de esta baja en la región. Honduras continúa siendo el primero en el ranking mundial de homicidios per cápita y cae al extremo inferior del ranking. En el extremo opuesto, Costa Rica ha deteriorado su paz al interior de su territorio pero continúa siendo el país con el índice de paz más alto de la región.

Promedio regional y comparación mundial

El promedio regional de GPI para Sudamérica es de 2.04 mientras que el de Centro América y el Caribe es ligeramente superior, 2.10. La región en general tiene una buena ubicación a nivel mundial ya que se sitúa en tercer lugar luego de Europa y América del Norte.

Un dato preocupante de la región es la cantidad de homicidios per cápita, la mayor a nivel mundial. Por ejemplo, Honduras tiene la alarmante tasa de 92 homicidios cada cien mil  personas y se sitúa primero en el ranking, El Salvador 69  y Venezuela 45, siempre sobre cien mil habitantes.

En cuanto al estudio de tendencias que realiza el GPI, podemos ver en la figura 2 como desde el año 2008 (año en el que apareció el índice) hasta el 2013 ha habido un pequeño movimiento negativo del índice de paz para la región de Sudamérica, Centro América y el Caribe. Este último dato se correlaciona con la tendencia mundial ya que todas las regiones han empeorado su puntuación.

Perspectiva Latinoamericana

El gran interrogante para la región es cómo se verá afectado el índice en la versión del 2014 con la violencia desatada en distintos países durante 2013. Como ejemplos podemos citar las protestas violentas -que continúan- realizadas en Brasil contra la copa del mundo (ver InContext 2),  las protestas en Colombia por las disconformidades de los campesinos (ver Incontext 13)  o los casos en que la ciudadanía reacciona de forma violenta por la falta de institucionalidades públicas efectivas. En Córdoba y otras provincias de Argentina, en diciembre del 2013 se produjo un estado de crisis cuando los vecinos de la ciudad se armaron para defenderse de los saqueadores que aprovecharon la falta de policías por una protesta salarial, con el saldo final de varios muertos, cientos de heridos y muchos más negocios saqueados, con pérdidas millonarias en bienes y la confianza pública en el contrato social diezmada.

Michoacán, en el centro de México, es otro ejemplo de ingobernabilidad y pérdida de la capacidad estatal para proveer seguridad y controlar la violencia. Actores o grupos armados no-estatales llamados por el momento autodefensas civiles y en algunos casos policías comunitarios, buscan luchar contra los narcotraficantes. Esto señala que se está erosionado el monopolio de la violencia y que hay grupos de la sociedad que buscan proveer protección y seguridad ante la ausencia del Estado y del Gobierno estatal. Entre los narcotraficantes y la policía comunitaria el conflicto se ha cobrado la vida de 24 personas y la lucha continua.

Gobernabilidad democrática el camino hacia la paz

El fenómeno del crimen organizado y todas las actividades ilegales vinculadas a grupos y redes mafiosas, son expresión de algo más profundo, muy lejos de la simplificación de malos y buenos o de enfrentamientos entre bandos que buscan controlar mercados ilegales. La expansión del fenómeno de la desprotección ciudadana que tiene en la violencia criminal y en otro tipo de violencias su mayor manifestación, habla no sólo de la complejidad de producir una gobernabilidad efectiva en democracia, comenzando por gobiernos capaces de cumplir funciones básicas o de proveer bienes públicos elementales como la seguridad ciudadana, sino también de un proceso de erosión de la capacidad estatal que tiene efectos ya muy visibles en varios países de la región justamente vinculados a los temas de paz social, desigualdad y captura de instituciones públicas. Lo dramático es que estas problemáticas de paz no tienen que ver directamente con las democracias como regímenes, pero sí pueden implicar la muerte lenta o al menos la regresión de varias conquistas democráticas. Por eso la región, además de más y mejor democracia, necesita con urgencia un plan para cerrar brechas sociales y producir gobernabilidad en un marco democrático. Es decir cualquier esfuerzo de “pacificación” en varias de las sociedades latinoamericanas que atraviesan por estos problemas y viven a diario los horrores de las violencias, deberán respetar las libertades públicas y los derechos humanos.

La sociedad civil organizada, en cada país de nuestra América Latina, está manifestando creciente interés y vocación de asumir responsablemente iniciativas ciudadanas que buscan recortar este avance indudable que está ganando la parainstitucionalidad, ni los enormes desafíos de las políticas de seguridad en contextos de vigencia efectiva de los derechos humanos y las políticas públicas que los respaldan.

Para más información, escribir a: incontext@avina.net

Envío N° 25

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Fuentes

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