Índice Multidimensional de la Pobreza: La pobreza se combate con riqueza de datos

 

Cuando hablamos de pobreza, por lo general nos referimos a la falta de medios económicos para garantizar una subsistencia digna. Aun siendo correcta, esta aseveración resulta incompleta sino referimos además sus distintos causales: Es pobre quien no puede acceder a un mínimo de educación. Lo es quien debe vivir en un entorno que perjudica sistemáticamente su salud. Es también pobre quien no tiene voz ni representación en los estamentos que regulan la sociedad en la que se inserta. Es pobre -por fin- quien simplemente no tiene oportunidades para acceder a las mejoras que lo ayudarían a salir de su pobreza.

El Índice Multidimensional de la Pobreza (MPI por sus siglas en inglés) es una herramienta para comprender y dimensionar este mal endémico desde distintos ángulos. Se trata de una metodología desarrollada por la Universidad de Oxford con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), con el objetivo de ofrecer una variante al Índice de Pobreza Humana. Desde 2010, este índice analiza a las poblaciones de 104 países y ofrece reportes de avance.

¿Qué es la pobreza multidimensional?

El MPI se basa en la premisa de que las personas en situación de pobreza y pobreza extrema se ven afectados por otras carencias aparte de la consabida falta de ingresos. Concretamente, este Índice utiliza 10 indicadores que en su conjunto delimitan 3 dimensiones críticas cuya ausencia configura la pobreza: educación, salud y calidad de vida. Bajo esta metodología, se considera que una persona es pobre multidimensionalmente si presenta carencias en al menos un tercio de los indicadores. La carencia en un solo indicador no constituye pobreza per se.

El hecho de que cada uno de estos indicadores mida un factor de pobreza permite establecer distintos grados de intensidad. Obviamente una persona o comunidad que presenta carencias en el 70% de los indicadores es más pobre que otra que las sufre en 40% de los indicadores. De esta manera el MPI se convierte en una herramienta de precisión que facilita la comprensión de los fenómenos que acompañan a toda situación de vulnerabilidad.

Una característica diferencial del MPI respecto a otros índices similares es que se puede configurar en base al país o región donde se aplica. Utilizando como base las 3 dimensiones con sus 10 indicadores es posible adaptar el Índice a las necesidades específicas del foco de estudio. Así, en Colombia, por citar un ejemplo, el Índice ha sido adoptado por el gobierno del presidente Santos como el sistema de medición oficial en relación a los objetivos de reducción de pobreza de la nación. Para este propósito, se han agregado 2 dimensiones más (y 5 indicadores que las representan) de manera de reflejar las particularidades de la pobreza colombiana. Esta versatilidad permite generar análisis mucho más finos y certeros, si bien también presenta sus desventajas, como la falta de criterios generales unificados de medición que impide establecer comparaciones entre los países. No obstante, se trata de un mero contratiempo si lo comparamos con el beneficio de la adaptabilidad.

Los 1.000 millones de personas más pobres del planeta

¿Quiénes son y donde están las personas más pobres del mundo? Utilizando el sistema de medición convencional de la pobreza podemos ver que los 50 países más pobres en su mayoría pertenecen a África y el sureste asiático más Haití. Se trata de los países con los menores niveles de Producto Bruto Interno (PBI) per cápita.

En principio, el MPI parece confirmar esta tesis, pues en la mayoría de los casos los países se repiten en ambos relevamientos. Sin embargo, profundizando el análisis es posible descubrir que la mayor parte de los pobres multidimensionales a nivel mundial (el 55% para ser más concretos) se concentran en un solo país: India que concentra a 680 millones de personas viviendo bajo el índice de pobreza. Pero además con una particularidad muy interesante: India no figura entre los 50 países más pobres del mundo (ocupa la posición 136 de 192). Este hallazgo parece poner en manifiesto la debilidad de calcular pobreza en base al dato de ingreso per cápita.

Pero el análisis no concluye allí. Al desagregar la información a nivel de individuos, la actualización 2013 del MPI nos muestra que alrededor del mundo 1.600 millones de personas viven en condiciones de pobreza multidimensional (representando más del 30% de la población estudiada). El 51% de los pobres multidimensionales provienen del sur asiático, 29% de África sub-sahariana y 12% del sudeste asiático y el Pacifico. El restante 8% se lo distribuyen por orden decrecientemente Medio Oriente, Latinoamérica, Asia central y el Este de Europa.

Latinoamérica, por su parte, no alberga un gran porcentaje de pobres multidimensionales. De los 1.600 millones mencionados solo el 1,5% (unos 24 millones de personas) habita en nuestra región. Los países donde se concentra la mayoría son: Haití, Honduras, Nicaragua, Guatemala y Bolivia, en ese orden. Los reportes individuales del MPI para cada país pueden ser accedidos a través de este link.

Desde la mirada de la pobreza multidimensional, podemos concluir que: a) el desarrollo económico medido con indicadores positivos desde el enfoque de Producto Bruto Interno no necesariamente refleja la realidad de los niveles y concentración de pobreza en una nación, y b) los índices que se aplican a nivel nacional pueden ocultar datos relevantes entre los promedios.

El MPI como herramienta de gestión

El Índice de Pobreza Multidimensional ofrece un panorama que hasta ahora era difícil de visualizar:

El abordaje del MPI muestra claramente que además de los esfuerzos individuales que realice cada persona para superar la pobreza y de la capacidad de empleabilidad que tengan las personas económicamente activas, la superación de la pobreza también debe basarse en la generación de condiciones que produzcan beneficios al conjunto de la población. El acceso a servicios educativos y de salud de calidad y a infraestructura son los tres pilares en los que debe fundarse un sistema integrado de desarrollo social si se aspira a que las personas que viven en condiciones de vulnerabilidad y pobreza estructural salgan de esa situación.

En la medida que los sectores más desfavorecidos, tengan que suplir la falta de bienes públicos y estén obligados a enviar a sus hijos a los sistemas privados de educación, deban pagar para ser atendidos en clínicas médicas privadas, o tengan que proveerse de los servicios públicos por fuera de las redes públicas de infraestructura, se los estará condenando a una cada vez mayor asimetría en el acceso a las oportunidades.

En este sentido, la reducción de la pobreza y la inclusión social dependerá de la capacidad que tenga la nueva economía para encausar a las empresas a producir bines útiles, que aporten calidad de vida a las personas y de las capacidades que desarrollen las sociedades para producir bienes públicos, es decir, aquellos bienes y servicios que están a disposición de todos en igual cantidad y calidad.

Por ello, la mayor utilidad que presta el MPI a las sociedades se relaciona a su capacidad para mostrar cómo se correlacionan las políticas públicas (y más concretamente sus efectos) a los cambios positivos o negativos sobre la pobreza endémica. En este sentido, los gobiernos, la sociedad civil o las empresas que promueven el bienestar de las personas, pueden contar con una herramienta de gestión que les permita asegurar que sus esfuerzos obtengan el máximo impacto posible hacia progreso social de las naciones.

Para más información, escribir a: incontext@avina.net

Envío N° 28

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Fuentes

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