Yasuni-ITT: Ecuador decide el futuro de una de las iniciativas de conservación más innovadoras de los últimos tiempos

 


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El gobierno del Ecuador acaba de firmar la sentencia de muerte de una de las iniciativas más innovadoras de preservación de los recursos naturales e implementación de esquemas que instalen matrices de energía que no dependan del petróleo. Quien se encuentra en el patíbulo legislativo es la Iniciativa Yasuní ITT, que al proponer dejar el petróleo bajo tierra en un área caracterizada por su enorme riqueza biológica y cultural, a cambio de una compensación económica internacional, representaba un modelo creativo y concreto de valoración de los servicios ambientales y de la biodiversidad como generadores de vida y bienestar.

El anuncio presidencial del 15 de agosto pasado, marca el inicio de un proceso legislativo que tiene como objetivo dar paso a la explotación de petróleo  del bloque 43, comúnmente conocido como ITT (por los campos Ishpingo, Tambococha y Tiputini), lo que ha provocado una serie de movilizaciones en defensa de los derechos de la naturaleza y de los pueblos en aislamiento voluntario, que ahora se concentran en promover una consulta popular en la que la ciudadanía sea quien defina si se procede con la explotación de crudo o no.

El fin de la Iniciativa Yasuní ITT ha generado en el Ecuador una reacción nunca antes vista en relación a  la agenda socioambiental: por casi un mes ha sido tópico central de las noticias en medios privados y públicos (incluyendo campañas del gobierno a favor de la  explotación petrolera), así como en las redes sociales. Por primera vez, Yasuní ITT es tema común en conversaciones entre familiares y amigos fuera del círculo ambientalista.

Este interés surge ahora, a pesar de que ya existe actividad petrolera en otros cinco bloques dentro del área protegida, porque se da la confluencia única de tres factores en la zona: a) es el área más biodiversa del mundo, b) es parte del territorio ancestral de cuatro nacionalidades indígenas, y c) en su subsuelo yacen las reservas de petróleo más importantes del Ecuador.

En reconocimiento a la biodiversidad y la riqueza cultural del área, la iniciativa Yasuní ITT planteó dejar indefinidamente bajo tierra 846 millones de barriles de petróleo a cambio de la contribución internacional de la mitad de los ingresos que se obtendrían por realizar dicha explotación, correspondiente a USD 3600 millones en un período de 13 años. La propuesta también trataba de evitar las emisiones debido a la extracción y combustión del crudo del bloque ITT de 407 millones de toneladas de CO2, contribuyendo así a la lucha global frente al cambio climático. Este valor aumentaba significativamente si se incluían las emisiones provenientes de la deforestación evitada, la reforestación y el desarrollo de energías renovables en las que se invertirían los recursos recaudados, llegando a 800 millones de toneladas de CO2 en los próximos 30 años.

Centros de diversidad de anfibios, aves, mamíferos y plantas superpuestos


fuente: Bass et al. – 2010

Las declaraciones del Presidente Correa definen dos causas principales del fin de la Iniciativa Yasuní ITT: i) la falta de corresponsabilidad e “hipocresía” de la comunidad internacional, ya que luego de seis años de campaña sólo se recaudaron en efectivo USD 13.6 millones; y, ii) la necesidad de utilizar los recursos provenientes de la explotación (valor presente neto de aproximadamente USD 18.000 millones) en erradicar la pobreza y cubrir las necesidades básicas de las y los ecuatorianos (principalmente salud, educación e infraestructura). Esta decisión converge con el discurso que ha adoptado el gobierno ecuatoriano que se centra en la necesidad de profundizar el extractivismo para salir del extractivismo, a través de la inversión del capital en el cambio de la matriz productiva y abre un debate necesario sobre la coherencia, factibilidad e implicaciones de esta política de Estado.

En este marco, cabe un análisis de los impactos ambientales, sociales y económicos experimentados en relación a la actividad petrolera en la Amazonía ecuatoriana y la Panamazonía en general, así como de los efectos potenciales que dicha actividad tendría en el bloque ITT y sus alrededores. Mientras que la extracción petrolera genera directamente poca deforestación, las actividades relacionadas, y especialmente la expansión de la red vial, han sido las principales causas de la pérdida del bosque tropical ecuatoriano. El país cuenta con la mayor densidad de carreteras de toda la Amazonía – 37.5 km/km2- debido a la apertura de vías para la exploración, lo que se ha convertido a su vez en un incentivo para la colonización, la expansión de la frontera agrícola y la extracción de madera. Se estima que por cada kilómetro de carretera se deforestan 120 ha en los costados de las vías, y esta es una de las causas por las que el Ecuador cuenta con una de las tasas de deforestación más altas de Sudamérica. A esto se suman los impactos relacionados a la contaminación del suelo, agua y aire, la erosión, la alteración en el comportamiento de las especies, la introducción de vectores de enfermedades, y el incremento de riesgo de desastres.

En términos sociales, la actividad petrolera y la degradación ambiental relacionada han traído consigo una alta conflictividad y problemas de salud, seguridad alimentaria y calidad de vida en general, a lo que se suma la descomposición cultural de las comunidades y una pobre distribución de los ingresos en las poblaciones localizadas en las zonas de extracción.

Además de los potenciales impactos de la actividad petrolera en los bosques amazónicos y en los pueblos y nacionalidades que dependen de ellos, queda como interrogante si el camino correcto para diversificar la economía debe iniciarse con la profundización de la dependencia del Ecuador de la explotación de sus recursos naturales no renovables. Análisis realizados por el académico ecuatoriano y ex coordinador técnico de la Iniciativa Yasuní ITT, Carlos Larrea, resaltan la relación inversa que ha existido históricamente entre la exportación de recursos naturales, petróleo y minerales, y el crecimiento económico obtenido en países en desarrollo, así como la baja generación de empleo e inequitativa distribución de los ingresos. La concentración de las exportaciones en un producto no renovable como el petróleo aumenta la vulnerabilidad de la economía y genera pocos incentivos para el cambio de la matriz productiva. Según datos de la CEPAL (2013), el Ecuador es una de las economías menos diversificadas de América Latina, con un 92% de las exportaciones compuesto por productos primarios en el 2011; y con el petróleo ocupando el 57% de sus exportaciones entre el 2000 y 2012.

La participación de la sociedad civil

La extracción petrolera en el ITT, junto con la ampliación de las actividades hacia el centro sur de la Amazonía ecuatoriana y la incursión en la minería a gran escala, plantean un dilema histórico para el Ecuador y el mundo: comprometer el patrimonio natural del país y un futuro económico resiliente por la generación de altos ingresos en el corto plazo. El interés despertado por la finalización de la Iniciativa Yasuní ITT en una gran diversidad de actores de la sociedad ecuatoriana y latinoamericana debería capitalizarse en la búsqueda de alternativas para promover un desarrollo justo, equitativo y con bases sostenibles en los países en desarrollo. Surgen propuestas de nuevas economías, que incluyen al turismo sostenible, la agroecología y agroforestería, la biotecnología y el comercio sostenible de productos del bosque y paralelamente a la necesidad de promover el desarrollo de conocimiento y capacidad de aprendizaje, con un enfoque a dar valor agregado a los productos locales. Las soluciones para los desafíos del país y la región pasan por la construcción de convergencia, articulación y agendas compartidas que lleven a las soluciones y avances sostenibles y duraderos que tengan en cuenta los diferentes intereses de los actores centrales de este proceso.

Ecuador necesita de un debate que permita escuchar las voces de los sectores afectados directa e indirectamente por el cierre de la iniciativa, que ayude a poner sobre la mesa la opinión de todos los actores clave del proceso, planteando los conflictos y externalidades que se generarán y contrastándolos con los beneficios de la explotación petrolífera para arribar a un resultado que resuelva el conflicto planteado por la suspensión de la iniciativa Yasuní ITT y que sirva de marco para encuadrar procesos similares que se impulsen en el futuro.

Para más información, escribir a: incontext@avina.net

Envío N° 8

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Fuentes

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