InContext 88: Distintos gobiernos de Latinoamérica utilizan el Índice de Progreso Social para pasar de la medición a la acción hacia el impacto

 

Luego de 4 años recabando información, el Índice de Progreso Social (IPS) presentó su actualización 2017 incluyendo -por primera vez- tablas comparativas interanuales que permiten observar la evolución general de los países en el periodo. En Latinoamérica el país que más progresó en ese lapso es Bolivia. Sin embargo, la mayor evolución es la profundización de su implementación en espacios sub-nacionales como municipios y provincias. Encabezan el ranking mundial en materia de progreso social Dinamarca, Finlandia e Islandia.

Actualización 2017, en resumen

El mundo está avanzando -con paso lento, pero en la dirección correcta- hacia el progreso social. Rápidos avances en acceso a información y comunicaciones, y acceso a educación superior lideran el avance global, pero un deterioro general en relación a derechos personales, seguridad personal, y tolerancia e inclusión neutralizan buena parte del progreso. Las naciones que lideran el ranking a nivel global son -en este orden- Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suiza, todas ellas con valores por encima de los 90 puntos.

A nivel regional, Chile en la posición 25 del ranking (con un resultado de 82,54), Costa Rica en la posición 28 (81,03) y Uruguay en la posición 31 (80,09) siguen siendo los países con mayor progreso social. El caso de Costa Rica es particularmente exitoso y emblemático, pues ha obtenido resultados muy buenos con un PIB que es entre 25% y 30% menor al de los otros dos países que lideran la tabla latinoamericana. Por otro lado, Nicaragua (64,17), Guatemala (62,62) y Honduras (61,76) cierran la tabla regional, pero haciendo la salvedad de que países como Cuba y Venezuela ya no son incluidos en el ranking debido a la falta de información estadística confiable. En el siguiente grafico se puede ver comparado en nivel de Progreso Social alcanzado en 2017 en comparación al PIB per cápita (ppa en USD) para los países de Latinoamérica.[1]

Desde el punto de vista metodológico, la actualización 2017 del Índice de Progreso Social trae como principal novedad que es posible comparar los resultados retrospectivamente hasta el 2014, permitiendo medir el avance (o retroceso) general de cada país desde el inicio de las mediciones[2]. En este sentido, la mayoría de los países latinoamericanos han mejorado sus resultados en comparación a ediciones anteriores. Destaca particularmente Bolivia que, en comparación a la medición inicial de 2014, ha logrado avanzar más de 2 puntos porcentuales, de 64,76 a 66,93. En el extremo opuesto, Guatemala, El Salvador y Nicaragua han disminuido sus resultados en el mismo periodo en menos de un punto porcentual.

El Índice de Progreso Social

A modo de recordatorio, el Índice de Progreso Social es una metodología de medición que permite determinar la efectividad de las naciones para convertir el desarrollo económico en progreso para toda la población. Se organiza en 3 dimensiones que se subdividen en 12 áreas temáticas y 50 indicadores.

Las dimensiones del IPS pueden ser entendidas como preguntas que analizan la capacidad del Estado para asegurar el bienestar de las personas. Estas preguntas son: 1) ¿El Estado y su sociedad ofrecen a cada individuo los medios mínimos (agua potable y saneamiento, nutrición, seguridad personal y vivienda) para garantizar su supervivencia?, 2) ¿Los ciudadanos cuentan con las herramientas y capacidades básicas (salud, educación básica, acceso a información, y calidad de medioambiente) para prosperar individualmente?, y 3) ¿El Estado y la sociedad garantizan las mismas condiciones (derechos personales, libertades personales, tolerancia e inclusión y acceso a educación superior) a todos los individuos para que estos tengan la oportunidad de realizarse personal y profesionalmente?

Atendiendo a que las 3 dimensiones funcionan como un camino para alcanzar el desarrollo con bienestar, los resultados del IPS permiten tener una visión muy concisa de dónde se encuentran los puntos débiles que mayor impacto tienen sobre la potencia del Estado para generar calidad de vida.

Por otro lado, a partir de la aprobación y puesta en marcha a nivel global de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) por la ONU en septiembre de 2015, el Índice de Progreso Social sufrió un proceso de ajuste para alinear sus indicadores con los de los Objetivos, buscando aunar todos los esfuerzos hacia el desarrollo en una sola dirección. Así, las naciones que analizan su progreso social y diseñan sus políticas y programas en base al Índice, también están contribuyendo al alcance de sus propias metas de desarrollo sostenible.

El Índice de Progreso Social fue desarrollado conceptualmente (y es impulsado y actualizado anualmente) por la Social Progress Imperative (SPI). Del proceso de diseño también participaron Michael Porter de la Universidad de Harvard, Scott Stern del M.I.T. y un equipo de colaboradores.

CAF-Banco de desarrollo de América Latina es, junto a SPI, la Fundación Avina, la Fundación Alfredo Zolezzi y el fondo de inversión WTT – World Transforming Technologies, una de las instituciones que lidera la Plataforma de Innovación con Sentido.  Desde la Plataforma se impulsa la utilización del IPS como una herramienta más completa para medir el desarrollo humano en los países de América Latina, y así permitir que ciudadanos y tomadores de decisión visualicen mejor dónde se encuentran sus sociedades y construyan juntos una visión común del futuro que quieren.

Al respecto, Ana Mercedes Botero, Directora de Innovación Social de CAF explica, “Innovación Social CAF viene promoviendo el uso de formas novedosas de medir el bienestar de las personas, que tengan en cuenta elementos a veces olvidados, pero que afectan de forma fundamental a su calidad de vida. Un ejemplo es el trabajo con OPHI Oxford sobre las dimensiones faltantes en la medición de la pobreza, que introduce elementos subjetivos importantes para el bienestar que las mediciones tradicionales generalmente pasan por alto. Otro ejemplo es el impulso al Semáforo de Eliminación de la Pobreza de la Fundación Paraguaya, una poderosa herramienta de autoevaluación que permite a las personas analizar sus propias condiciones de vida y diseñar planes de vida para superar sus carencias, al tiempo de generar datos agregados importantes para los decisores públicos. La utilización del Índice de Progreso Social que promueven en la región la Social Progress Imperative, la Plataforma de Innovación con Sentido y otros aliados, es un ejemplo más de los esfuerzos que se están dando por expandir las herramientas de medición del desarrollo y el bienestar más allá de indicadores económicos que suelen ser excesivamente estrechos.”

Para Juan Cristóbal Birbuet, director en Avina para el Índice de Progreso Social (IPS) en América del Sur, el índice instala un lenguaje común que ayuda a gobiernos, empresas, organizaciones sociales y académicas, y a los ciudadanos, a acceder a información valiosa que impulsa acciones de colaboración orientadas al logro de los ODS. “Nuestro desafío es conseguir que el IPS sea una estrategia para alcanzar consensos y ordenar acciones hacia el impacto, ya que el progreso social es una tarea de todos los actores comprometidos con la transformación social, concluyó Birbuet.

Convirtiendo datos estadísticos en políticas públicas

El valor estadístico del IPS a nivel nacional es meramente comparativo. Los países por lo general son unidades territoriales complejas, compuestas por zonas de diverso nivel de desarrollo que (promediadas en un solo resultado nacional) ocultan las problemáticas que afectan a zonas o comunidades específicas. Es por ello que aplicar el Índice a nivel estadual, provincial, municipal o territorial ofrece resultados más específicos y permite medir la eficacia de las políticas públicas más rápidamente.

Al respecto, los impulsores del IPS han dedicado sus esfuerzos de los últimos años a fortalecer iniciativas de alcance local. Casos como el de su aplicación en las principales ciudades de Colombia o a los municipios de la región amazónica brasileña[3] ya están operando desde hace un buen tiempo y han comenzado a dar resultados, por la posibilidad que la metodología abre para adaptar los indicadores al contexto local. El proceso de medición gana así un carácter político-pedagógico al tiempo que permite a los stakeholders locales identificar colectivamente lo que traduce políticas públicas en calidad de vida con sostenibilidad para su zona. Esto ha servido de aliciente para que muchos gobiernos, empresas y organizaciones académicas hayan optado por aplicar el IPS en territorios de interés a través de acciones colaborativas público-privadas. Este es el motivo por el cual Michael Green y Roberto Artavia (Director Ejecutivo y Vice-Presidente de la Junta Directiva de la Social Progress Imperative, respectivamente) están visitando Latinoamérica durante este mes de octubre para acompañar al equipo de Fundación Avina en un esfuerzo por impulsar alianzas locales.

Imagen: Equipo del Índice de Progreso Social de Avina, junto a Michael Green en Argentina

Michael Green ha estado en Paraguay para presentar junto a José Molinas -Ministro Secretario de Planificación del gobierno paraguayo- los resultados 2017 del Índice, así como para lanzar la iniciativa para su aplicación local en 15 de los 17 departamentos que componen el país. Paraguay es un caso emblemático, pues se trata de uno de los primeros países en haber adoptado -como política de Estado- el uso del IPS como mecanismo de evaluación del avance de las políticas de lucha contra la pobreza.

En su viaje, Michael Green también participó del lanzamiento formal del Índice de Progreso Social en la provincia de Salta junto al Gobernador Juan Manuel Urtubey y al Jefe de Gabinete Ministerial Carlos Parodi. Salta se convierte de esta manera en la primera provincia argentina que adopta el Índice como herramienta de gestión pública de forma coordinada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El recorrido de Michael Green incluyó además visitas a la capital argentina y a Uruguay para promocionar el uso del IPS en estas zonas y presentar los resultados 2017.

Roberto Artavia, por su parte, viaja en estos días a Santiago de Chile para reunirse, a través de la Universidad Adolfo Ibañez, con un grupo de 20 de los donantes e inversores sociales más importantes de ese país. El objetivo del evento es generar las alianzas necesarias para que sea el sector privado chileno el que lidere el impulso del Índice como estrategia de fortalecimiento del proyecto país, al tiempo de generar una referencia internacional para la aplicación exitosa de esta herramienta en países altamente industrializados.

Estas propuestas y experiencias, que se encuentran en distintos grados de desarrollo, junto con otras que vienen siendo impulsadas en la Región, serán presentadas en base a los resultados 2017 del Índice en un InnContext Webinar que se llevará a cabo el próximo martes 21 de noviembre a las 14:00 hs. de Argentina. Si desea participar de este Webinar puede inscribirse haciendo click en el botón de abajo.

[1] Datos de PIB per cápita (ppa en USD) obtenidos de la base de datos del Banco Mundial. Valores para 2016.

[2] Durante sus primeros años, el Índice de Progreso Social pasó por sucesivos procesos de refinamiento de algunos de los indicadores utilizados. A causa de esto, una comparación en retrospectiva producía resultados inconsistentes. Desde el 2016 los indicadores se han mantenido y se consideran definitivos. En 2017 se han ajustado los valores de los resultados de años anteriores a los indicadores actuales (rearview analysis), gracias a lo cual ahora es posible hacer la comparación interanual.

[3] Ver InContext 81

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