En simultáneo al congreso del Instituto Ethos, se propone debatir un nuevo concepto: Economía de Causa

 

El Congreso de Ethos, que dará comienzo el 3 de setiembre en Brasil, reunirá a numerosos referentes e impulsores de iniciativas, que se concentran en la promoción del desarrollo sostenible bajo el marco de la Nueva Economía para explorar nuevos escenarios. En simultáneo y con la participación de miembros de la Fundación Avina, se reflexionará acerca de si el concepto Nueva Economía brinda las respuestas a tres preguntas clave: ¿cómo debería generarse riqueza?, ¿cómo se debería controlar y regular su distribución? y ¿cómo debería distribuirse?  Para enriquecer el intercambio, se sumará al debate este nuevo concepto, que se presenta como un intento de dar respuestas a los tres interrogantes planteados y camina en la dirección de profundizar lo que algunos de los referentes de la Nueva Economía  plantean como problema, o sea, la falta de causas y valores ligados a la sostenibilidad en las transacciones.

A continuación se resumen algunos de los lineamientos centrales de la Economía de Causa:

La innovación como eje de la generación de riqueza

La Economía de Causa debe ser planteada como un proceso integral pues para consolidar los cambios en la forma de producir, se deben cambiar los formatos de regulación y los esquemas de distribución. No se construirá una nueva economía sólo con demanda de mayor responsabilidad social empresaria (RSE). La RSE canaliza demandas de cambios incrementales pero no cambia la forma de producción y distribución de riqueza. La innovación tecnológica, en cambio, genera nuevas formas de producción desde tecnología disruptivas, pues logra plasmar cambios estructurales.

Existen modelos virtuosos de generación de riqueza, como la economía circular y economía ecológica, basados en un sistema económico ambientalmente sustentable que promueva la producción de bienes y servicios que protejan y sumen calidad de vida (bienes útiles y bienes comunes) garantizando la dignidad humana. Pero una parte del actual sistema productivo es hostil a estos modelos porque está basado en la producción de bienes rentables solamente, que tienen por objetivo excluyente maximizar las ganancias de las empresas.

La estrategia enfocada desde la lógica de Economía de Causa sostiene que para que el sistema cambie, se debe innovar en las formas de generar la riqueza. Esos cambios deben iniciarse desde la innovación científica y tecnológica. Para promover cambios en sistemas productivos hostiles se requiere de innovación basada en tecnologías disruptivas que, introduciendo cambios en las formas de generar riqueza, fuercen cambios en las formas de controlarla y distribuirla.

Se apuesta a la innovación científica y tecnológica y a las nuevas arquitecturas sociales y económicas que den impulso a la Economía de Causa, para dejar de lado la producción de bienes basada en la lógica primacial de la rentabilidad y la protección del capital, y asuma la lógica de producir bienes socialmente útiles.

Esta lógica centrada en la utilidad social parte de la profundización del sentido virtuoso de la actividad productiva: crear bienes y prestar servicios que mejoren las condiciones de vida (Biología) y garanticen dignidad humana (Ética), desde andamiajes legales que protejan la causa de la sustentabilidad (Justicia), en marcos de políticas que promuevan el progreso (Política), desde un sistema económico que garantice su producción y distribución (Economía).

Ya existen ejemplos claros de la economía de causa, como centros de innovación que se especializan en brindar soluciones a problemas científicos y tecnológicos basados en la innovación y la invención de tecnologías disruptivas que reducen el impacto ambiental, el costo de producción y tiene la capacidad de ser distribuidos como bienes útiles con fines de lucro o bienes públicos sin fines de lucro.

La Economía de Causa demuestra que innovando las formas de producción se innova en las formas de generación de riqueza.

El control y la regulación como factores para institucionalizar la riqueza

Según el politólogo colombiano Bernardo Toro, “la institucionalidad es el conjunto de normas, instituciones y prácticas que le permiten a una sociedad sostener en el tiempo las reglas de juego que dan solución a los problemas, crisis y dilemas sociales”.
Una Economía de Causa exige nuevas estructuras normativas y nuevas instituciones que regulen y controlen la generación y distribución de la riqueza.

La Economía de Causa requiere de una nueva institucionalidad donde los marcos normativos que regulan las empresas no solo contemplen como bien a proteger el capital (formato de sociedad anónima y sociedad de responsabilidad limitada) o el trabajo (cooperativas de trabajo), sino que avance sobre formatos legales donde el bien protegido en las figuras jurídicas con fines de lucro sean las causas de la sostenibilidad ambiental y la inclusión social. Las llamadas empresas B (casi 800 casos en el mundo) modifican el estatuto de la empresa para explicitar la causa –y sus metas, que serán obligatoriamente auditadas- para la cual producirá bienes o prestará servicios. Similar criterio debería utilizarse en el sistema de registro de patentes, para que sea entendido como un bien público que permita garantizar las condiciones de lucro pero, al mismo tiempo, asegurar el fin público de la innovación. Desarrollar un sistema financiero ético y justo que garantice el acceso sostenible al crédito a los vastos sectores que quedan al margen de los inalcanzables estándares que fija la banca comercial. También las bolsas ambientales o los mercados de carbono, son ejemplos de nuevos espacios que fijan pautas y reglas de juego que regulan y controlan la etapa de producción cotizando los esfuerzos de mitigación y reparación de los impactos ambientales negativos ocasionados por las empresas. Existen, además, mecanismos de certificación en algunos sectores de la actividad industrial y comercial que definen estándares medioambientales y sociales que las empresas deben cumplir para poder certificar su operación y acceder a un sello de calidad que refuerza la licencia social para operar.

Crear una institucionalidad basada en los valores de la Economía de Causa, expresada en normas y espacios de regulación y control de la producción y distribución, institucionalizan la riqueza.

El acceso a oportunidades, recursos y excedentes como base de la distribución de riqueza

La pobreza, en la actualidad, no se relaciona con la carencia de recursos sino con tener negado el acceso a las oportunidades. No vivimos en sociedades pobres con recursos escasos, vivimos en sociedades de recursos finitos y sistemas inequitativos de distribución de riqueza. Latinoamérica es la región con menos potencial de pobreza (cuenta con recursos humanos y naturales) y la de mayor desigualdad del mundo, lo que permite identificar tres niveles de asimetrías: en materia de generación de riqueza, ausencia de valores para producirla; en cuanto al control de riqueza, ausencia de regulación que impida la acumulación ilimitada; y en referencia a la distribución de riqueza, un discrecional y limitado acceso a oportunidades.

La concentración de riqueza exige nuevas estructuras para una distribución más equitativa, que cambie la ecuación en cuanto al acceso a los recursos. El desafío pasa por administrar recursos finitos, no por administrar escasez. El reto no consiste en mitigar pobreza sino en terminar con la desigualdad. En los últimos años se han consolidado diversos tipos de formato que dan sentido a las empresas generando lucro a partir de impulsar causas sociales (empresas sociales, negocios de impacto, negocios en la base de la pirámide) o de pensar estructuras más democráticas para la administración de recursos (cooperativas de agua, de reciclaje) o la prestación de servicios (cooperativas de recicladores), o de poner en manos de los trabajadores las estructuras industriales o empresariales quebradas por sus dueños (empresas recuperadas).

La sociedad civil desafía el concepto

La Economía de Causa, definida como aquella que orienta a la sociedad a generar riqueza a partir de la producción de bienes útiles, y que, regulada a través de estructuras y reglas de juego que aseguren impactos sustentables en el plano ambiental e inclusivos en el aspecto social, permite distribuir la riqueza generada garantizando el acceso equitativo a oportunidades, recursos y excedentes a todos los miembros de una comunidad, desafía a la actual manera de generar, regular y distribuir riqueza.

Se analizará si lo que asoma como un posible concepto, puede convertirse en un cambio sistémico que permita construir sociedades más equitativas y sustentables. Queda abierto el debate.

Para mayor información, solicitamos escribir a: incontext@avina.net

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Envío N° 3 

El contenido de este informe no representa la posición institucional de la Fundación Avina sobre los temas abordados. Cuando sea necesario explicitar posiciones institucionales de la Fundación Avina, se las  identificará expresamente junto a la fuente correspondiente.

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