Índice de Progreso Social: el índice que señala el camino para transformar desarrollo en bienestar

 

“En una sociedad cada vez más orientada a la medición del desempeño, tener las métricas correctas importa mucho. Lo que medimos afecta lo que decidimos y hacemos. Si usamos malas mediciones, impulsaremos las prioridades equivocadas”. Esta aseveración, extraída del libro Mismeassuring our Lives de Joseph Stiglitz, Amartya Sen y Jean-Paul Fitoussi como respuesta a la crisis económica del 2008, parece caracterizar correctamente la época en que vivimos, donde las potencias mundiales, pese a las crisis que atraviesan, continúan fortaleciendo sus posiciones de predominio económico y donde buena parte de los países hasta ahora considerados “en vías de desarrollo” gozan de un inusitado crecimiento. Sin embargo, tanto en unos como en otros, la riqueza no se traduce en progreso para los pueblos. Estamos consumiendo los recursos no reciclables del planeta sin que ello genere bienestar para la presente generación ni asegure el futuro de las generaciones venideras.

Ante esta coyuntura de suicidio global, descrita por Ban Ki Moon en su discurso de apertura del foro económico mundial (Davos) en enero de 2011, un grupo de organizaciones y empresas -entre las que se encuentran la Harvard Business School, el Massachusetts Institute of Technology, la Fundación Avina, la Fundación Skoll, el Banco Compartamos, Cisco Systems, y Deloitte Consulting– desarrollaron el Índice de Progreso Social. Una herramienta que permite no solo medir el progreso social sino que propone además las estrategias para hacer sostenible el desarrollo de las naciones.

El Índice de Progreso Social

El progreso social se define como la capacidad de una sociedad para satisfacer las necesidades básicas de sus ciudadanos, establecer los elementos básicos que permitan a las comunidades y sus habitantes mantener y mejorar la calidad de sus vidas, y crear las condiciones para que todas las personas alcancen su máximo potencial.

A partir de esta definición, la organización Social Progress Imperative, constituida expresamente para impulsar el Índice, estableció 52 indicadores para generar un estudio sobre el tema en 50 países alrededor de todo el mundo. El criterio utilizado para la elección fue la representatividad, tanto a nivel geográfico como de desarrollo económico. En Latinoamérica fueron seleccionados Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México, Perú, Paraguay y República Dominicana. Los resultados del mencionado estudio, que fuera presentado en abril de este año, pueden ser descargados de este link. En las próximas actualizaciones se incorporarán progresivamente más países.

Si bien el Índice de Progreso Social no mide (ni pretende medir) desarrollo económico, ya que existen otros índices para eso, resulta una herramienta muy útil para ponderar el desempeño de los países en el intento por alcanzar sus metas de desarrollo social en base a su economía. Este es uno de los aportes diferenciales del Índice de Progreso Social, pues permite observar como algunos países altamente desarrollados fallan al producir bienestar y comprometen la sostenibilidad de su futuro.

La Social Progress Imperative ofrece también apoyo para la conformación de equipos multidisciplinarios de impulso local (a nivel nacional) con el objetivo de transformar los hallazgos del estudio en propuestas concretas de acción. De esta manera se pueden articular agendas de trabajo entre los diversos actores (gobiernos, empresas, organizaciones de base, entidades donantes) que promueven el desarrollo sostenible de los países.

Corrigiendo la distribución de la riqueza de las naciones

Uno de los principales desafíos globales pasa por cómo garantizar la inclusión de una población mundial que crece a ritmo sostenido. En 1950 la población mundial era de 2.500 millones de habitantes. En la actualidad, supera los 7.000 millones. De acuerdo a diversos indicadores y mediciones, la pobreza impacta en millones de personas en el mundo. El Banco Mundial sostiene que hay 1.200 millones de personas que viven en grado de pobreza extrema, con apenas 1,25 dólares diarios. Si tomamos como parámetro un ingreso menor a 2 dólares diarios, la cifra trepa a 2.800 millones. La ONU calcula en 4.000 millones la cantidad habitantes que viven en la base de la pirámide. Estos datos muestran que la pobreza en el mundo equivale prácticamente al incremento poblacional de los últimos sesenta años.

Otro desafío de impacto global es la demanda de los recursos planetarios necesarios para abastecer el consumo. La población mundial utilizó el equivalente a 1,5 planetas para abastecerse en 2007, según el “Informe Planeta Vivo” lanzado por WWF a nivel mundial. En dicho informe, se pone de manifiesto además que se necesitarán dos planetas para atender las demandas en 2030 y tres, en 2050, si se mantienen las tendencias actuales.

Si consideramos que aún con la mitad de la población consumiendo en niveles de pobreza, la presión ejercida sobre los recursos del planeta supera su capacidad, entonces el reto que deberá enfrentar la sociedad debe combinar las dos variables: cómo incluir a 7.000 millones de personas en un sistema de producción y consumo que pueda garantizar la sostenibilidad.

Ante esta perspectiva, es necesario colocar la economía al servicio del desarrollo y no continuar forzando el desarrollo para ponerlo al servicio de la economía. La expansión ilimitada de la economía en busca de la rentabilidad termina por comprimir el desarrollo basado en la sustentabilidad y la inclusión, anulando el progreso de la sociedad hacia el bienestar general, privilegiando la concentración de recursos y concentrando las capacidades de acceso a las oportunidades en segmentos reducidos de la población.

Cuando revisamos los resultados del informe del Índice de Progreso Social, llama poderosamente la atención que potencias mundiales como los Estados Unidos -la principal economía mundial- ocupe el sexto lugar, por debajo de países con menor grado de desarrollo, como Suecia, Canadá o Suiza.

Resulta obvio a partir de aquí, que el desarrollo económico es un factor decisivo para el bienestar, pero que por sí solo no es suficiente. En ese sentido, queda claro que el Índice de Progreso Social puede aportar claves para identificar y atacar las debilidades estructurales que generan desigualdad -y por tanto ausencia de bienestar- en los países.

Para mayor información, escribir a: incontext@avina.net

Envío N° 4

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Fuentes

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