En agosto de este año, Avina y sus aliados fueron a terreno con el objetivo de evaluar el resultado de su trabajo de 2010. Entre las muchas externalidades positivas, el elemento que más se destaca es que casi la totalidad de las casas construidas se ampliaron, ofreciéndole a sus habitantes (sobre 6000 personas) una vida más digna durante todo este tiempo. 

Esto se logró gracias a que el diseño de arquitectura  consideraba que las familias tenían la capacidad para participar como actores protagonistas del proceso. Así, la instalación de 18 metros cuadrados cubiertos, aumentaba a 30 metros, producto del esfuerzo de cada familia, lo que permitía también que cada vivienda se ajustara a las particularidades de cada familia. Todo esto al mismo costo instalado de las viviendas de emergencia tradicionales.

Recordemos que durante la semana posterior a la catástrofe, el equipo local de Avina, en colaboración con un grupo de organizaciones chilenas, trabajó eficazmente para sincronizar las acciones adecuadas.

Durante este proceso se destacó el Consorcio para la Reconstrucción de Viviendas de Emergencia, formado por las fundaciones Avina, Proyecto Propio y Superación de la Pobreza, las empresas Masisa y Onduline, y la Organización Internacional para las Migraciones de la ONU.

En un período de seis meses esta coalición construyó en Chile 1.474 viviendas de emergencia mediante un modelo innovador que aprovechó al máximo la mano de obra y los insumos locales, para multiplicar el impacto del proyecto en la economía de 15 municipios, a un costo de USD 2,8 millones.

El Consorcio, además, logró asociarse con otras iniciativas y actores para promover las actividades económicas, la creación de empleos y el fortalecimiento comunitario en la zona afectada. Otros 13 consorcios vinculados a Avina desarrollaron acciones en la zona de la catástrofe en distintas áreas de apoyo a la emergencia y reconstrucción de Chile.

Acceda aquí a la galería multimedia sobre este proceso.

http://www.informeavina2010.org/espanol/galeria1.shtml