Chile y otro urnazo contra la partidocracia

Las elecciones del domingo 21 de noviembre en Chile no dejaron a nadie indiferente dentro o fuera del país. Lo más sorprendente para muchos ha sido la tercera ubicación de un candidato fuera del clivaje izquierda – derecha, quien se “dio el lujo” de hacer campaña desde Alabama, EEUU, y no pisar nunca el territorio nacional por tener órdenes judiciales que le intiman a pagar altas sumas de dinero a la madre de sus hijos por años de abandono de sus mínimos deberes como padre. Más adelante trataremos de escudriñar qué puede haber detrás de esta inédita situación.

Analicemos, en primer término, las cifras gruesas.

Participación electoral

La participación de este domingo alcanzó un 47,19%. En total votaron 7.093.303 personas -contando los electores de Chile y el extranjero- de un padrón de 15.030.973. Desde hace ya varios años que más de la mitad de las personas con derecho a voto en Chile no participan de los procesos electorales. Solo para el plebiscito del Apruebo – Rechazo se rompió esta tendencia, con una participación del 50,9% del padrón (7.573.914 personas).

El voto es voluntario desde el año 2012 y de ahí en adelante la participación ha disminuido con fuerza. Con todo, antes de esa fecha y con voto obligatorio, también es posible observar una disminución, aunque más tenue. Todo lo anterior es clave para analizar cualquier resultado electoral: una mayoría de la ciudadanía está ajena a cualquier proceso que signifique representación popular. ¿Quiénes son estas personas y por qué no participan? Al observar los territorios, grupos etarios y género, podemos observar que quienes menos participan son sistemáticamente las mujeres y las juventudes de comunas pobres urbanas. Esta elección, donde además se eligió la mitad del Senado, toda la Cámara de Diputados y los consejeros regionales de todo el país, no fue la excepción en las bajas tasas de participación ciudadana.

Los resultados de las elecciones

Teniendo como telón de fondo la exclusión electoral que afecta a más de la mitad de la ciudadanía, los resultados de la elección presidencial, con y sin abstención, son los siguientes:

La irrupción de la ultraderecha

Como se observa en los gráficos, la primera mayoría fue para el candidato del partido Republicano, una formación política de corta data que representa a sectores más allá de los partidos históricos de la derecha chilena. José Antonio Kast obtuvo un 27,91% de los votos válidamente emitidos. Kast, con una agenda centrada en la pugna libertad-comunismo, con un fuerte discurso anti-inmigración, de orden público y control al conflicto mapuche, logró una alta votación en ciudades del norte (receptoras de migración) y en el sur del país, particularmente en las dos regiones marcadas por el conflicto mapuche. Adicionalmente, Kast tuvo como ejes de contenido de su campaña bajar los impuestos y retroceder en materias de aborto, matrimonio igualitario y concentración de beneficios a familias constituidas legalmente. En el plano ambiental, su programa desconoce expresamente los efectos del cambio climático y plantea, entre otras medidas, construir plantas generadoras de energía con combustibles fósiles, particularmente carbón.

En términos de equilibrios políticos, por primera vez, el partido de Kast tendrá también representación parlamentaria, que, sumada a los partidos de derecha tradicionales, logra el 50% tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados.

El sueño progresista

La segunda mayoría relativa fue obtenida por Gabriel Boric, con un 25,83% en la lista que reúne a los jóvenes partidos del Frente Amplio nacidos después de la llamada Revolución Estudiantil del año 2011, y al Partido Comunista. Boric centró su campaña en el avance del trabajo que realiza la Convención Constitucional y en la modificación de aspectos claves para el bienestar de la población como el cambio de un sistema privado de pensiones de capitalización individual y la propuesta de un sistema único de salud para toda la población.

Por otro lado, los déficits de su propuesta han sido aquellos temas en los que su principal contrincante pone énfasis: gobernabilidad, freno a la delincuencia y el narcotráfico. Adicionalmente, sus propuestas para el conflicto mapuche y la migración no han tenido visibilidad ni centralidad en su campaña. Sus propuestas ambientales están en línea con las más avanzadas a nivel internacional.
A nivel parlamentario, las dos alianzas de izquierda y centro izquierda disminuyen levemente la representación obtenida en la última elección del año 2017 en la Cámara de Diputados. El bloque de izquierda aumenta significativamente en el Senado, logrando el 20% del mismo, porcentaje que sumado a los otros pactos de centro izquierda alcanza el 50% de la cámara alta. Igual porcentaje suman ambas coaliciones en la cámara baja.

 

Los candidatos a la presidencia de Chile, José Antonio Kast (a la izquierda) y Gabriel Boric posan antes del debate celebrado en Santiago el 10 de diciembre de 2021. Imagen: MARTIN BERNETTI (AFP)/ El País

La sorpresa viene desde Alabama de la mano de las redes sociales

Más allá de la anécdota que significó la irrupción de un candidato que lleva un largo tiempo fuera del país, que prácticamente no hizo campaña por medios tradicionales, que no participó de ningún debate y un largo y curioso etcétera, resalta fuertemente el 13% que logró a nivel nacional, que implica 869.796 votos, los cuales resultan claves para ganar el balotaje. A una semana de las elecciones, son incontables los guiños a ese electorado por parte de Boric y Kast.

Franco Parisi, economista mediático, ya se había presentado el año 2013 como candidato logrando un 10.11% de los votos. Esta vez, con un claro mensaje anti-establishment, contra toda la clase política, Parisi logró las más altas votaciones en el norte del país, donde el tema migratorio resulta central. Particularmente importante es su votación en la Región de Antofagasta, la principal región minera de Chile. Poco importó que su campaña se realizara sin estar en el país y las sentencias judiciales que lo condenan por no pagar los alimentos de sus hijos. Analistas han puesto el acento en los votos de Parisi y de Kast como una señal de rechazo a la agenda feminista y una manera de recuperar el control por parte de visiones machistas y conservadoras dentro de la sociedad chilena. Pero el gran resultado de un candidato ausente es el tema de análisis en el país. Al menos hay consenso en un aspecto: hoy se puede hacer campaña con ausencia física, entregando a las redes sociales el papel central. Esta es otra evidencia de la necesidad de abordar los temas de democracia digital con seriedad y urgencia.

El ocaso de los pactos de la transición

Los dos pactos, de centro izquierda y centroderecha, que han sido los únicos que han gobernado en los últimos 30 años, quedaron relegados a un cuarto y quinto lugar sumando entre ambos cerca del 25% del total de votos. El análisis de estos desastrosos resultados no hace sino confirmar una crisis multidimensional de las instituciones en el país, que tiene múltiples causales, pero que generalmente se analizan por separado dependiendo de donde surjan, ocultando aquellos aspectos que muchas veces no conviene mirar de frente.

El complejo futuro que asoma

Los resultados de todas las elecciones realizadas el domingo pasado, presidenciales, parlamentarias y de gobiernos regionales, arrojan un futuro inédito en la vida política de Chile.

A nivel presidencial tenemos una elección en segunda vuelta (el 19 de diciembre) con dos visiones de país diametralmente opuestas. Por un lado, un candidato de extrema derecha con propuestas populistas (rebaja de impuestos, ente otras) y ofrecimiento de mano dura y eficiencia en materia de seguridad ciudadana, migración y conflicto indígena. Adicionalmente, se ofrece su programa una profundización de una economía de libre mercado, disminución del aparato estatal y la remoción de organismos vinculados a la promoción y defensa de derechos humanos como el Ministerio de la Mujer y el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El rápido e incondicional apoyo de los partidos de centro derecha, hoy en el gobierno, a su candidatura ha permitido moderar los ofrecimientos de cara a la primera vuelta. Hoy, mirando el balotaje, todo resulta más amable y equilibrado. En el ámbito electoral, están por verse los efectos del apoyo del continuismo castigado fuertemente en primera vuelta.

Al frente está un candidato con un programa de profundización de las demandas visibilizadas con el Estallido Social, muchas de las cuales no se traducen en reformas concretas dada la difícil situación económica del país. Adicionalmente, su coalición y por tanto su programa no han tenido presentes de manera clara planteamientos respecto al crecimiento económico ni tampoco respecto a la seguridad ciudadana, conflictos, migración, entre otros. Pero el apoyo posterior de todos los partidos de la alianza de centro izquierda derrotada en primera vuelta le otorga mesura y tranquilidad frente la amenaza de la instalación de un modelo totalitario transmitido como “Chilezuela”

Con todo, cualquiera sea el resultado del balotaje, quien sea electo presidente, tiene un congreso con un empate entre los bloques antiguos y los nacientes: izquierda y centro izquierda y centro derecha y derecha extrema. Un congreso con equilibrio de fuerzas obligará a buscar consensos los que pueden trabarse por las composiciones internas de los bloques, dificultando acuerdos en las materias mencionadas.

Estallido social en Chile de 2019. Imagen: Marcelo Hernandez/Getty Images

Respecto a la elección del 19 de diciembre, esta será resuelta por una ciudadanía cada vez más compleja de “encasillar” en las habituales categorías izquierda derecha, conservadora – progresista o por clases sociales. Estamos más bien en presencia de decisiones electorales que dan cuenta de la diversidad de posiciones que muchas veces coexisten en la misma ciudadanía. Una muestra de ello, se encuentran a la base del mayoritario apoyo para contar con un nuevo contrato social mediante la conformación de una asamblea constituyente; y, a la vez, el decidido apoyo a quienes, desde su trinchera, ofrecen orden, estabilidad política y seguridad. Los resultados del plebiscito del Apruebo de las elecciones alcaldicias y ahora de las presidenciales y parlamentarias, muestran la liquidez de las posiciones de la gente. En este escenario surgen nuevos clivajes que merecen ser mirados con mucha atención. Algunos de ellos son:

  • Lo urbano frente a lo rural. Mientras Boric se posiciona con mucha fuerza en las áreas metropolitanas (Santiago, Valparaíso y Concepción, como conos urbanos) Kast se posesiona con fuerza en pueblos y localidades rurales. Esto no había tenido mayor relevancia en 30 años donde las posturas mayoritarias tenían hegemonía homogénea independiente del territorio.
  • Juventudes frente a mayores de 50 años. Boric tiene una alta votación entre menores de 30 años, mientras que Kast entre mayores de 50. Adicionalmente, en base a diversos cruces geográficos es posible afirmar que la votación de Boric tiene un marcado arraigo en las mujeres.
  • Élite económica frente a élite cultural. Siguiendo los estudios de Thomas Pikkety y Clara Martínez Toledano, podemos observar en Chile el mismo fenómeno presente en la política de las democracias occidentales: las élites se han disgregado pudiéndose distinguir claramente una élite económica con anclaje en la derecha (imposible mejor ejemplo que las llamadas “comunas del rechazo” donde se concentra el poder político y económico de la derecha) y el surgimiento de una élite cultural sin peso económico, pero con un inmenso capital cultural que vota mayoritariamente por la izquierda (así ha quedado demostrado en estudios longitudinales que siguen los resultado electorales desde el año 1989 al año 2017). Se trata, en definitiva, de la instalación del fenómeno denominado “élites múltiples”. De la mirada de estas élites diversas y su distancia con la mirada de la ciudadanía sobre la realidad chilena, da cuenta el estudio de COES de este año titulado Resultados del estudio COES de la élite cultural, económica y política en Chile”.
  • Orden frente a progresismo. El viejo clivaje se ha instalado en las clases populares de Chile. La incapacidad de los partidos de izquierda para abordar “dolores” cotidianos de una inmensa mayoría: migración sin control, delincuencia y drogas, falta de protección. Ello ha llevado, particularmente en el norte del país a que una inmensa mayoría haya preferido las dos opciones antiestablishment y populistas. La gran tarea parece ser “leer” a la ciudadanía desde su diversidad y sus necesidades múltiples y distintas, permitiendo el avance transformador de la sociedad en un contexto de una estabilidad básica.

La delicada solución a estas tensiones serán parte de los dolores de cabeza del próximo presidente de la república.

Las consecuencias en la Convención Constitucional

Tal como el resultado del Apruebo (más del 78% de aprobación) fue un mazazo para las fuerzas del viejo orden, los resultados del domingo muestran que la población, como hemos insistido en estas líneas, no está alineada con lo que podríamos denominar el “Espíritu del estallido”. Ello es un llamado de atención de cara al trabajo de la Convención y el posible resultado del plebiscito de salida. Si alguien pensó que esto estaba ya cocinado y listo para servir, se equivocó. Si José Antonio Kast, quien pública y profusamente se pronunció por la opción rechazo en el plebiscito pasado, es electo el próximo 19 de diciembre, puede ser la lápida a todo el proceso constitucional. Él no sólo se ha manifestado y denostado públicamente a la Convención Constitucional, sino que ha señalado su intención de revisar el trabajo de esta. Sobre su posición sobre el futuro plebiscito ya partir de la composición de la Convención, no es difícil adelantar su total rechazo.

De cualquier manera, más allá de quien sea el próximo presidente, está, al menos en parte, en manos de los y las convencionales corregir algunas de las formas que hoy molestan a la ciudadanía, manteniendo el fondo del trabajo encomendado, recuperando la estima y confianza perdida en estos primeros meses de trabajo.

Autor: Leonardo Moreno, abogado y doctor en Políticas Públicas


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Por |2021-12-16T15:59:34+00:00diciembre 15th, 2021|InnContext|Sin comentarios

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