
Matrices energéticas cada vez más diversas
La transición energética hacia energías renovables gana terreno en Argentina
Hasta 2015 la participación de las energías renovables en la matriz eléctrica argentina era mínima: menos del 2% de la generación total, según datos de la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico S.A. (CAMMESA). Esto representaba un problema dado que la dependencia de los combustibles fósiles no solo compromete la seguridad energética, sino que también aumenta las emisiones y la vulnerabilidad del sistema. Cabe aclarar que la meta establecida por ley del 20% al 2025 no se logró de manera anualizada; no obstante, se han alcanzado récords mensuales que superan la meta y se registra un aumento en potencia instalada y participación efectiva de las energías renovables en el sistema.
Entre 2011 y 2015 Fundación Avina desempeñó un rol clave en articular el ecosistema que permitió actualizar el régimen de renovables. Bajo la dinámica de mesas de diálogo y construcción de escenarios energéticos se alcanzaron visiones unificadoras y se impulsaron espacios de articulación multisectorial de capital social, como un Comité Ejecutivo con actores relevantes y un Comité Técnico de alta rigurosidad. Además, Avina lideró tres ediciones de Escenarios Energéticos que aportaron evidencia sólida para sustentar metas ambiciosas. En términos de incidencia, Fundación Avina apoyó la conformación de la Alianza por las Energías Renovables de Argentina (AERA), clave en el proceso de diálogo con el poder legislativo y ejecutivo que culminó con la aprobación de la ley 27.191 en 2015, piedra angular de la transformación de la matriz energética.
La transición energética avanza sostenidamente en Argentina gracias a un salto en la participación de las energías renovables en la generación eléctrica, las cuales pasaron de representar un 2% de la capacidad instalada del sistema eléctrico en 2015 al 16% en 2025. Dentro de ese conjunto, la energía eólica aporta el 67% de la generación renovable, seguida por la solar fotovoltaica con el 21%. Adicionalmente, las bioenergías y las pequeñas hidroeléctricas participan con el 12%. Este crecimiento ha diversificado una matriz históricamente dependiente de los combustibles fósiles, contribuyendo a fortalecer la seguridad energética y a reducir emisiones en el sector.
La norma nació de la necesidad de diversificar una matriz fuertemente dependiente de los hidrocarburos y de descarbonizar un sector que concentra la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero del país. La ley actualizó y amplió el marco normativo previo, estableciendo metas progresivas de incorporación y la obligación para grandes usuarios de cumplir cuotas mínimas de consumo. Entre sus disposiciones, destacan la prioridad de despacho, por la cual se garantiza que las renovables ingresen con prioridad al sistema eléctrico, y un paquete de incentivos fiscales que redujeron los costos de los proyectos y fomentaron la inversión. Además, se crearon dos mecanismos orientados a agilizar el cumplimiento de las metas: el RenovAr, que atrajo capital y tecnología internacional a través de licitaciones públicas, y el Mercado a Término de Energías Renovables (MATER), que habilita contratos directos entre generadores y grandes usuarios, dinamizando aún más al sector. La expansión de las energías renovables también catalizó la demanda y consolidó el mercado, generando empleos verdes y contribuyendo con el desarrollo económico y tecnológico del país. Con una matriz más limpia, robusta y diversificada, la Argentina avanza hacia una economía resiliente y baja en carbono, demostrando que a través de políticas de largo plazo se alcanzan transformaciones profundas y sostenibles.


