Por Published On: abril 1st, 2026Categorías: NOTICIAS6 min read

¿Cómo depende la resiliencia de las ciudades frente al cambio climático de territorios rurales y naturales frecuentemente invisibilizados? ¿Invertir en estos territorios puede ser una estrategia central de gestión de riesgo climático y urbano?

Estas son las preguntas que nuestra directora del eje de acción climática, Juliana Strobel, aborda en este artículo sobre la experiencia de articulación de la iniciativa Marajó Resiliente, que combina la implementación de sistemas agroforestales, el acceso a mercados y crédito para la agricultura familiar, y el fortalecimiento de políticas públicas municipales en el mayor archipiélago fluviomarino del mundo.


Cuando hablamos de resiliencia urbana en el contexto del cambio climático, es fundamental reconocer que estamos hablando, ante todo, 
de gestión de riesgo sistémico. Las ciudades concentran personas, activos, infraestructura y mercados, pero dependen profundamente de sistemas que están fuera de su control directo. 

El agua, los alimentos, la estabilidad climática y la biodiversidad provienen de territorios rurales y naturales, muchas veces distantes. Esto nos lleva a un punto central: la ciudad y lo urbano no son sinónimos. La ciudad es un sistema territorial profundamente dependiente de espacios rurales y naturales que sostienen sus flujos vitales. Ignorar esta interdependencia es aceptar niveles de riesgo cada vez mayores para las ciudades, las economías y las políticas públicas. 

Imagen aérea de las zonas que abarcan el proyecto Marajó Resiliente

Desde el punto de vista climático, dos de los principales vectores de vulnerabilidad urbana hoy son la seguridad alimentaria y la seguridad hídrica. Las cadenas alimentarias están altamente expuestas a eventos extremos, inestabilidad logística y degradación ambiental, mientras que la disponibilidad de agua en las ciudades depende directamente de la gestión del suelo, la conservación de ecosistemas y arreglos de gobernanza que superan las fronteras municipales. Muchas crisis urbanas tienen su origen precisamente en estas fallas territoriales. Por ello, invertir en resiliencia es, sobre todo, invertir en prevención, antes de que los riesgos se conviertan en crisis humanitarias o económicas. 

En este contexto se inscribe Marajó Resiliente, un proyecto financiado por el Green Climate Fund y articulado por Fundación Avina, que busca aumentar la resiliencia climática de agricultores familiares en uno de los territorios más vulnerables de Brasil mediante la expansión de sistemas agroforestales diversificados y el fortalecimiento de la gobernanza local. La experiencia de Marajó ayuda a visibilizar cómo los territorios rurales, muchas veces considerados periféricos, son en la práctica centrales para la resiliencia de las ciudades. 

Ubicado en la desembocadura del río Amazonas, en el norte de Brasil, en plena región amazónica, Marajó es un archipiélago de enorme relevancia ecológica y climática, pero sin conexiones terrestres con grandes centros urbanos, donde el acceso se realiza principalmente por vías fluviales. Este aislamiento estructural amplía las vulnerabilidades sociales y económicas a nivel local y, al mismo tiempo, evidencia una contradicción importante: aunque el territorio contribuye a la seguridad alimentaria de ciudades como Belém, los municipios marajoaras históricamente cuentan con poca estructura de políticas públicas para enfrentar los impactos del cambio climático en su propio territorio. 

En este escenario, el proyecto Marajó Resiliente combina tres frentes estratégicos de actuación, diseñados de forma integrada: la implementación de 800 hectáreas de sistemas agroforestales diversificados, fortaleciendo la resiliencia climática de las poblaciones locales, la seguridad alimentaria y los servicios ecosistémicos; la reducción de barreras de acceso a mercados y al crédito del PRONAF para la agricultura familiar, ampliando la capacidad de inversión de las familias rurales; y el fortalecimiento de las políticas públicas a nivel municipal, con foco en la promoción de estrategias de adaptación climática. Se trata de un enfoque que actúa simultáneamente en el territorio, las finanzas y la gobernanza —elementos esenciales para reducir vulnerabilidades de manera estructural. 

En el ámbito de las políticas públicas, el enfoque es apoyar a los municipios para que la resiliencia climática sea pensada más allá de los centros urbanos, llevando el protagonismo de los agricultores familiares al centro de las estrategias locales. En alianza con actores locales y nacionales, la iniciativa apoya a los municipios de Soure, Salvaterra y Cachoeira do Arari en la elaboración de sus Planes Municipales de Adaptación Climática, en el marco de la iniciativa AdaptaCidades impulsada por el Gobierno Federal. Paralelamente, las organizaciones que articulan el proyecto trabajan para que políticas públicas existentes se utilicen estratégicamente como instrumentos de adaptación y desarrollo local, como el fortalecimiento de la implementación del PAA y del PNAE en estos municipios, permitiendo que productos agroforestales locales formen parte de las compras públicas y refuercen el acceso a mercados locales y regionales. Otras iniciativas complementarias, como el fortalecimiento de ferias locales de alimentos, también contribuyen a esta lógica de resiliencia territorial. 

Actividad de certificación de los multiplicadores del proyecto Marajó Resiliente

Esta experiencia refleja la forma en que actúa Fundación Avina: trabajando justamente en el espacio donde muchas soluciones se pierden, entre el territorio, las políticas públicas y el financiamiento. En lugar de imponer modelos, Avina apoya soluciones lideradas localmente, conectando el conocimiento y la innovación que surgen en el territorio —incluido el conocimiento ancestral de los agricultores familiares— con estrategias de escala, recursos financieros y procesos de toma de decisión. En Marajó Resiliente, las poblaciones locales no son beneficiarias finales, sino co-creadoras de las estrategias desde el inicio, mediante una gobernanza que incluye un Comité Consultivo Local con participación efectiva en la toma de decisiones. Este enfoque, además de ético, es estratégico: las soluciones concebidas desde el territorio tienden a ser más eficaces, duraderas y menos dependientes de recursos externos, generando para inversionistas y financiadores un impacto más resiliente a lo largo del tiempo y mayor eficiencia en el uso del capital. 

Lo que Marajó Resiliente nos enseña es que invertir en territorios rurales estratégicos —especialmente aquellos históricamente aislados— es también invertir en la resiliencia de las ciudades, los mercados y las instituciones. En un escenario de creciente incertidumbre climática, iniciativas que fortalecen la seguridad alimentaria, hídrica y la gobernanza territorial dejan de ser solo acciones socioambientales para convertirse en una estrategia inteligente de gestión de riesgos y construcción de futuro. En resumen: el futuro de las ciudades depende de la capacidad de reconocer —e invertir— en los territorios que las sostienen. 

 

Juliana Strobel en Smart City 2026, realizado en Curitiba, Brasil, durante el panel “Ciudades Resilientes: ¿estamos preparados?”, en el cual se presentó el caso de la iniciativa Marajó Resiliente

Por Juliana Strobel

Directora de Acción Climática de la Fundación Avina