
Los cuidados y el clima;
Explorando la intersección en el marco del CSW68
Los cuidados remunerados y no remunerados son vitales para nuestras sociedades, sin embargo, estos siguen siendo invisibilizados, subestimados, y distribuidos de una forma desigual entre géneros. Al mismo tiempo, los impactos del cambio climático afectan también de manera desproporcionada a las personas más vulneradas, especialmente mujeres y niñas del Sur Global.
Frente a la importancia de explorar esta intersección, en el marco del CSW 68 coorganizamos el panel “Cuidar en crisis: Explorando los Impactos del Cambio Climático sobre las Responsabilidades de Cuidados y la Pobreza” en conjunto con la Alianza Global por los Cuidados, Oxfam Canadá, Instituto de Investigación de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social (UNRISD), el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC), ONU Mujeres y el Instituto Nacional de las Mujeres de México (INMUJERES). En este espacio, se compartieron diferentes perspectivas sobre esta intersección y las formas en que podemos abordarla para una transición justa.
El panorama actual
Las labores de cuidados son una barrera estructural para que las mujeres puedan hacer parte del sistema económico y, sumado a ello, el impacto del cambio climático afecta desproporcionalmente a mujeres y niñas, sobre todo en el Sur Global. Los efectos de este fenómeno intensifican además la necesidad de cuidados no pagados, como lo son las labores de cuidado del hogar y cuidados comunitarios.
En palabras de Carolina Robino, Senior Program Officer en IDRC, las mujeres y niñas juegan además un papel crucial en la resiliencia de sus comunidades frente al cambio climático, llevándose la mayor parte de las tareas de cuidado del agua, compostaje, cuidado de la biodiversidad, alimentación, etc. Irónicamente, el que estas labores recaigan en ellas significa también que tienen menos oportunidades de ser parte de los espacios de toma de decisión para hacer frente a la crisis climática.
“El cuidado se debe entender desde una perspectiva feminista, intersectorial, y decolonial” – Lebogang Ramafoko
Las mujeres y niñas aportan trabajos no remunerados que son la base de la sociedad, esencial para que la economía siga produciendo. Se estima que esta parte de la población retoma 12,5 billones de horas de trabajo no remunerado cada día, una suma que, valuada con el salario mínimo, representa un aporte a la economía global de 10,9 millones de dólares (Lebogang Ramafoko, Oxfam Canadá).
“Nosotras no trabajamos 8 horas, trabajamos toda la vida, porque necesitamos comer diario y cuidar a las personas, a los niños, y a su vez nuestros niños tienen que ayudarnos con los cuidados cuando salimos a trabajar” – Haydee Rodríguez Cerros, Huairou Comission
Este tipo de desigualdades son cada vez más evidenciadas por la crisis climática. Los países del Sur Global son los más afectados por estos efectos, mientras que son responsables por menos del 10% de las emisiones históricas de gases de efecto invernadero. A su vez, estos tienen la menor cantidad de recursos para esfuerzos de mitigación, adaptación, y la instalación de los sistemas de cuidados que requieren sus sociedades. Aquí es donde entra una importante conversación sobre la crisis de deudas globales; para que los países del Sur Global puedan invertir en los cuidados, necesitan espacio fiscal (Carla Kay Kraft, ONU Mujeres).
Una visión a futuro
“Care jobs are green jobs” – Sonia Phalatse, Southern Centre for Inequality Studies
Las políticas de cuidado deben respetar las diversas cosmovisiones del mundo, deben responder al conocimiento colectivo de las personas en los diferentes territorios (Dulce María Pereira, Asesora del Ministerio de las Mujeres en Brasil). A su vez, las soluciones climáticas deben incorporar una perspectiva de género y Derechos Humanos (Valentina Zendejas, Fundación Avina) para evitar perpetuar injusticias y sistemas de opresión.
Explorando las acciones que se deben tomar para avanzar hacia esa realidad, el foro compartió una serie de recomendaciones clave:
- Las instituciones internacionales deben impulsar la agenda y alentar a estados para reducir y redistribuir el cuidado no remunerado, invertir en servicios e infraestructura para sistemas de cuidados, y garantizar que se incluyan en presupuestos a las personas cuidadoras.
- Incluir la agenda de cuidados en la atención a pérdidas y daños.
- Avanzar la procuración de servicios y una estructura de cuidados para generar empleos, así como invertir en medidas de protección social para cuidados no remunerados.
- Incluir a personas cuidadoras en espacios de toma de decisión para políticas gubernamentales.
- Recopilar datos sobre el tiempo de cuidados y trabajo no remunerado de las mujeres en comunidades.
- Incorporar mirada de Derechos Humanos y feminista que incluya los cuidados en la transición justa.
- Las energías renovables deben considerar los efectos que tienen en las mujeres y las personas cuidadoras en términos de costos, accesibilidad, etc.
- Invertir en un transporte sostenible y movilidad que consideren las necesidades de mujeres como principales cuidadoras (accesibilidad, rutas que consideren sus necesidades y actividades, etc.)
- Invertir en organizaciones de base comunitarias y sus soluciones, así como promover que estén en espacios de toma de decisión.
- Descentralizar prioridades en capital, consumo, crecimiento económico, y centrarlas en mantenimiento de la vida y el planeta. Esto debe ser clave en las conversaciones sobre explorar indicadores más allá del PIB durante La Cumbre del Futuro de 2024.
En suma, existe una enorme oportunidad de posicionar y fortalecer una agenda que ya tiene una deuda histórica, como son los cuidados, en un contexto en el que como sociedad estamos buscando transicionar a un futuro más sostenible para hacer frente a la crisis climática. Los argumentos de todas las acciones de mitigación y adaptación climática deben conjugar la infraestructura social (Paul Ladd, UNRISD) y prevenir que la transición perpetue una discriminación interseccional para que esta sea realmente justa.





