
El 16 de marzo, Fundación Avina, junto a diversas organizaciones aliadas, organizó un evento especial durante la 70ª CSW en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. Titulado “Cuidado y Clima: Cómo los Sistemas de Cuidado Moldean el Acceso a la Justicia en una Transición Justa”, el evento reunió a un destacado grupo de mujeres de distintos países, quienes debatieron, a partir de sus experiencias, el nexo entre clima y cuidados. “El cambio climático está aumentando la presión sobre los sistemas de cuidado”, destacó María Noel Estrada, de UNRISD, al inicio del encuentro.

Panel durante la CSW70, en la sede de las Naciones Unidas.
Clima, género y la carga invisible del cuidado
El debate partió del entendimiento de que el cambio climático no es neutro en términos de género. Intensifica el trabajo de cuidado no remunerado, interrumpe los medios de vida y profundiza las desigualdades, especialmente para las mujeres y las comunidades marginadas del Sur Global. “Es en los sistemas de cuidado donde las niñas suelen experimentar por primera vez las desigualdades de género”, señaló Ermelita Valdeavilla, de la Philippine Commission on Women.

Ermelita Valdeavilla, de la Philippine Commission on Women, comparte aportes.
Al mismo tiempo, los sistemas de cuidado son una infraestructura social esencial para la resiliencia climática: permiten la recuperación, sostienen la vida y apoyan la adaptación. Geraldine Gachuz Martínez, Directora de Asuntos Internacionales de las Mujeres en ONU Mujeres y la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, destacó que el cuidado es un bien público, una inversión estratégica y una responsabilidad colectiva.
Aun así, los cuidados siguen siendo en gran medida invisibles en los marcos de políticas climáticas y en los mecanismos de financiamiento climático. En este sentido, una de las experiencias compartidas fue la de Xiomara Acevedo, de Barranquilla+20. Señaló que Colombia cuenta con un sistema nacional de salud y una meta climática (NDC) de reducir emisiones en un 51%, pero que la adaptación climática y las cargas de cuidado aún no están conectadas. “El marco legal existe; las políticas de cuidado existen; las mujeres que realizan este trabajo existen. Pero lo que no existe es la arquitectura que conecta el cambio climático y el cuidado, dimensiones de una misma crisis.”
Experiencias concretas y caminos hacia la justicia climática
Esta invisibilidad tiene profundas implicaciones. Cuando los sistemas de cuidado colapsan bajo el estrés climático, las personas más afectadas enfrentan barreras para ejercer sus derechos, acceder a reparaciones y participar en la toma de decisiones. Malkia John, Directora Ejecutiva de Sauti Salama, compartió experiencias de comunidades en Kenia: “Los impactos climáticos transforman inmediatamente el trabajo diario de cuidado. Durante las sequías, las tareas necesarias para garantizar agua y combustible requieren más tiempo y esfuerzo. Niñas y mujeres recorren mayores distancias para buscar agua y recolectar leña. También observamos un aumento de enfermedades relacionadas con el clima, lo que incrementa las demandas de cuidado dentro de los hogares. Además, el desplazamiento desestructura los sistemas comunitarios de apoyo”, explicó.

En primer plano, Malkia John, de Sauti Salama, y en segundo plano, Xiomara Acevedo, de Barranquilla+20, en el panel durante la CSW70.
Investigaciones preliminares muestran que el trabajo de cuidado no remunerado aumenta en un 40%, reduciendo el tiempo que mujeres y niñas pueden dedicar a la educación. “Muchas niñas están abandonando la escuela, lo que también afecta los ingresos, la movilidad y la seguridad de las mujeres”, añadió.
Iniciativa Clima y Cuidados
Sauti Salama y Barranquilla+20 son dos organizaciones apoyadas por la iniciativa Clima y Cuidados, liderada por Fundación Avina, UNRISD, Oxfam Canada, EIDAES UNSAM y Wits University, en colaboración con Global Alliance for Care y con financiamiento del International Development Research Centre (IDRC), Canadá.
Agnieszka Raczynska, de Fundación Avina, explicó que la iniciativa fue creada para aprender de soluciones creativas impulsadas por las propias comunidades en el Sur Global, a través de la colaboración y el intercambio de conocimientos.
“Nuestro objetivo es demostrar que el cuidado es una infraestructura social fundamental: sostiene la vida, apoya la recuperación, fortalece la resiliencia y permite la adaptación frente al cambio climático”, señaló.

El debate, que también contó con aportes de Sitabile Dewa, de la Women’s Academy for Leadership and Political Excellence (WALPE Africa), de Mara Dolan, de WEDO, y la moderación de Ana Moreno, de la Global Alliance for Care, reforzó la idea de que reconocer la conexión entre clima y cuidados es esencial para construir resiliencia y sociedades más inclusivas. “El cuidado no es solo una respuesta a los impactos climáticos, sino también un camino hacia la adaptación, basado en el conocimiento local y la acción colectiva”, concluyó Agnieszka Raczynska.




