Mujeres colombianas generan acuerdos para la democracia y la paz

Estamos Listas es un movimiento político de mujeres fundado en Medellín, en 2017, que aboga por una transición democrática para Colombia con justicia social, económica y ambiental y por un futuro en paz. Es el primer movimiento feminista de Colombia en buscar constituirse como partido político y comenzar a disputar espacios de poder con el objetivo de introducir la perspectiva feminista a la forma de ejercer la gobernabilidad en Colombia.

En 2021, Estamos Listas comenzó a constituirse como un movimiento nacional a partir de la construcción de municipalismos feministas. En las elecciones locales de Medellín de 2019, el movimiento alcanzó un escaño en el Concejo de Medellín y dos en la Junta Administradora Local del corregimiento Santa Elena. El 13 de marzo de 2022, Estamos Listas participó de las elecciones legislativas nacionales, con la aspiración de alcanzar un escaño en el Senado de la Nación. Aunque no logró su objetivo, obtuvo 108.657 votos y una gran visibilidad a nivel nacional, que le permitirá seguir consolidándose como partido político y como una opción electoral que apunta a la construcción de un gobierno plural, abierto, democrático y feminista y que se ha construido en torno a acuerdos.

Los acuerdos son parte de la vida: un equipo de fútbol de barrio es el resultado de un acuerdo; una empresa, una familia, una fiesta entre amigos, son todos resultados de acuerdos. Vivir, convivir y producir requiere de acuerdos continuos. Pero, a la vez, todo acuerdo es el resultado de un contraste o incluso de un conflicto, que se termina convirtiendo en un acuerdo porque existe una voluntad de las partes de dialogar. Los acuerdos existen en todos los espacios de socialización: desde el núcleo familiar, el grupo de amistades, hasta las organizaciones sociales y las instituciones. Un proyecto de nación es el resultado de un acuerdo.

Por esto, allí donde no hay acuerdos para vivir, se imponen la violencia, la exclusión y la inequidad. La no repetición de la violencia es el resultado de una sociedad que reconoce que en todos y cada uno de estos espacios la convivencia activa y creativa es siempre posible, porque los involucrados en cada espacio están dispuestos a respetar, cuidar y activar los acuerdos de convivencia.

El proyecto de Estamos Listas tiene que ver con generar acuerdos a nivel nacional para construir una nueva institucionalidad en un marco de paz. En el Congreso colombiano, la tasa de representación de mujeres es del 19,7%, es decir, diez puntos porcentuales por debajo del promedio de representación de América Latina y el Caribe, que es del 29,7%. Además, las municipalidades generalmente están en manos masculinas. Por otro lado, un problema que enfrentan las mujeres en toda la región tiene que ver con las altas tasas de violencia de género: según la CEPAL, al menos 4.091 mujeres fueron víctimas de feminicidios en 2020 en la región, a pesar de la mayor visibilidad de la problemática y su condena social.

Marta Restrepo, integrante de la dirección de campaña de Estamos Listas, y Elizabeth Giraldo, maestra en urbanismo, historiadora y primera en la lista al Senado de Colombia de Estamos Listas, conversaron con InnContext sobre el nacimiento del movimiento político que integran, sus primeras experiencias electorales en Medellín y, luego, en las elecciones legislativas nacionales de marzo de 2022, sus procesos internos de representatividad y su concepción del poder, en un país centralizado en el que gran parte de la población se encuentra por fuera de la toma de decisiones a nivel nacional.

¿Cómo nace Estamos Listas y bajo qué clase de acuerdos?

Marta: Nace a partir de una plebitusa. Una tusa es una decepción amorosa, es cuando a una le parten el corazón y la invade un estado emocional triste, depresivo. Del mismo modo, al perder en el plebiscito de 2018 sobre el Acuerdo de Paz, en el que el NO ganó por el 50.21% contra el 49.77% que obtuvo el SÍ, entramos en un estado de mucha tristeza. Habíamos hecho una campaña por el sí muy hermosa, feminista, y por supuesto que esperábamos triunfar.

Desde el feminismo colombiano siempre hemos estado ocupadas en la guerra y sus estragos sobre las vidas de las mujeres. Por décadas solo nos hemos dedicado a pensar en cómo terminar con la guerra y eso hizo que nos atrasemos en muchas cuestiones fundamentales, como la cuestión del poder político. Por eso también apostamos al Acuerdo de Paz, porque ofrecía una transición democrática para el país que le diera fin a la guerra y nos llevara a un estado de mayor participación, más derechos e inclusión.

Pero en ese momento parecía que no podíamos avanzar hacia un acuerdo que planteara la redistribución del poder hacia grupos históricamente excluidos, por lo cual decidimos crear un movimiento político de mujeres, feminista y con vocación de poder. Esa variable, la vocación de poder, es fundamental para nosotras, porque en Colombia han existido muchos intentos de aumentar la participación de las mujeres y su presencia en las elecciones, pero en el fondo nunca nos habíamos tomado en serio la posibilidad de orientar nuestra fuerza histórica para lograr una participación política electoral, más allá de un ejercicio testimonial. Y en este sentido, no nos estábamos ejercitando, estábamos ejerciendo. No somos un movimiento social; venimos de la tradición del movimiento feminista en Colombia, pero hemos dado un paso adelante para pensarnos como un movimiento político feminista, que plantea la descentralización del país y la gobernabilidad desde el poder local. Es ahí en donde sentimos que está la posibilidad de la transición democrática.

¿Cómo han logrado tejer acuerdos con diferentes mujeres? Entre ustedes se cuentan doctoras, mujeres campesinas, madres, mujeres afrodescendientes, trabajadoras, toda una gran diversidad de mujeres. ¿Qué acuerdos han ido tejiendo para que Estamos Listas haya crecido tanto en Colombia y se haya constituido como un modelo de ejercicio de poder feminista para América Latina y el Caribe?

Elizabeth: Estamos Listas es un movimiento que quiere acceder al poder por las vías democráticas y ese es el primer gran acuerdo. Lo segundo, que creo que nos diferencia de otros partidos políticos y coaliciones, es la existencia de mecanismos de democracia interna muy elaborados. Tenemos una estructura de toma de decisiones que hemos ido construyendo en un proceso y hemos caminado hacia la existencia de un movimiento horizontal, que es nuestra base asamblearia. Todas las integrantes tenemos voz y voto y eso es muy importante, porque ya de entrada, al estar inscrita, tienes posibilidades de involucrarte en las discusiones y en la toma de decisiones. Tenemos espacios de discusión, que llamamos Cafés feministas, en donde todas las militantes nos encontramos para discutir sobre los asuntos que debemos decidir, como, por ejemplo, la lista para presentar a las elecciones legislativas.

Pero también tenemos instancias de decisión que toman otro tipo de orientaciones sobre el movimiento y que son de representatividad y mayor responsabilidad. Y ahí no estamos todas las integrantes, sino un grupo de compañeras que han asumido el rol. Eso tiene que ver con aprender a delegar y con asumir la responsabilidad de la representatividad, porque no todas tenemos que opinar sobre todo o decidirlo todo.

Además, tenemos una plataforma de gobierno abierto en donde podemos acceder a toda la información. Y, finalmente, tenemos un importante acuerdo que tiene que ver con la presencia de la diversidad para que pueda hablar sobre sí misma. En Estamos Listas hay mujeres trans, mujeres indígenas, campesinas, y todas tienen representatividad, de manera que, en nuestro movimiento, la diversidad y la pluralidad del país pueden hablar por sí mismas.

¿Cuántas mujeres integran Estamos Listas? ¿Cuántas entran a esta plataforma de gobierno abierto para votar y tomar decisiones?

Elizabeth: Estamos llegando a las 2000.

En el caso de Estamos Listas, ustedes debieron incluir hombres para cumplir con la paridad de género. ¿Quiénes son estos hombres y cómo se asumen en este movimiento político feminista?

Elizabeth: En efecto, tenemos cinco compañeros en la lista y dos de ellos también integraron la lista que presentamos para el Consejo en las elecciones de Medellín. Son hombres en los que confiamos, que no están inscritos en el movimiento, aunque están en todo, en las asambleas, en las marchas, en las fiestas. Y ellos son aliados del feminismo y creen que el feminismo es el proyecto político que los representa.

La gran diferencia con lo que sucede en otros partidos, en los que la participación de las mujeres se usa como un instrumento para cumplir con la paridad de género, es que aquí es una disposición política de ellos en creer que este es el lugar que ahora deben ocupar, como hombres que históricamente han tenido mayores posibilidades de acceso al poder.

Ustedes han planteado que es tiempo de construir un futuro en paz para Colombia. ¿Cómo lograrlo? ¿Qué acuerdos deben tejer para alcanzar ese futuro?

Marta: Cuando nosotras hablamos de construir un futuro en paz, nos referimos al marco necesario y urgente para Colombia de cumplir con lo pactado en el Acuerdo de Paz. El no cumplimiento del Acuerdo por parte del gobierno actual es una herida profunda que afecta sobre todo a la periferia del país, en donde se votó “Sí” al fin de esta guerra. Es el caso de la Amazonia colombiana, que representa más del 47% del territorio nacional, pero en donde no están asentadas las poblaciones que toman las decisiones políticas.

Por eso, nuestra lista está constituida en porcentajes de representación y uno de ellos, que es del 20%, corresponde a mujeres de territorios que históricamente han estado fuera del Congreso. Tenemos una compañera de San Andrés, que es nuestro islote, nuestro mar de flores, y que las personas allí hablan creole y tienen una herencia colonial histórica, pero sienten que no son de este país. Y por otro lado, tenemos a Magalí, una campesina ecofeminista defensora de la Amazonia colombiana que ha desarrollado su activismo ambiental y feminista en el sur del país, en la región del Caquetá, uno de los principales escenarios de la guerra durante muchísimos años. Sin la voz de esta periferia, el país se sigue pensando de manera centralista y no van a ser posibles el futuro de paz ni la transición democrática.

Lo que hoy sucede en términos de violencia en estos territorios está ligado al enfrentamiento militar, que es la nueva escenificación de la guerra por el capital. Hoy no hay ningún enfrentamiento ideológico ni hay nadie disputando la toma del Estado, ni siquiera la insurgencia del ELN. Hoy el ELN es básicamente una banda criminal que viola mujeres y secuestra niños y niñas indígenas para la guerra. Entonces, hoy en Colombia no existe el escenario de guerra que tenía que ver con la disputa del poder. Lo que hay es una degradación de miles de hombres en armas que están disputándose la economía, que está basada en los territorios de este país que producen coca, oro, en donde se puede hacer contrabando y extorsiones a las familias trabajadoras. La población colombiana, para estos hombres en armas, es una mercancía.

Es importante que se entienda que cuando hablamos de construir un futuro en paz no hablamos necesariamente de nuevos acuerdos o de nuevas negociaciones, sino de una transformación radical del Estado. Estamos hablando de la necesidad de cumplir el actual Acuerdo de Paz. Y tenemos que garantizar la representación política de las personas que históricamente nunca han ocupado espacios de poder, que somos las mujeres, las personas racializadas, y, sobre todo, la periferia de este país, que no pertenece ni a los grandes grupos políticos ni económicos.

¿Cómo ustedes conciben el ejercicio del poder? ¿Cómo lo llevan a la práctica teniendo en cuenta la diversidad de mujeres que integran el movimiento y que pueden tener concepciones divergentes sobre lo que implica el ejercicio del poder?

Marta: Yo tengo 48 años, soy feminista desde hace 30 y desde mis inicios era reconocida en Medellín como la más anarquista de las anarquistas. Escrachaba a mis compañeras más adultas por institucionales, por liberales, y heme aquí, pensando en que el único camino que tenemos ahora es dentro de las instituciones republicanas. Para las personas en América Latina, aún quienes vivieron dictaduras, creo que la modernización y democratización de esas repúblicas ha sido un escenario de disputa que las constituyó también como sujetas políticas. El problema es que en Colombia ni siquiera hemos tenido eso. Nosotras ni siquiera nos hemos disputado el relato de la república.

En el primer pacto de la Constitución de 1991, la continuidad de la guerra hizo que efectivamente no pudiéramos disputarnos la posibilidad de una transición democrática. Y sectores como nosotras que hoy planteamos una agenda en términos de redistribución económica, de redistribución del poder, que es hasta más radical que la agenda de la izquierda colombiana, podemos decir estas cosas solo porque existe el Acuerdo de Paz. Hoy nadie nos va a gritar en la calle que somos guerrilleras porque proponemos que los ricos paguen más impuestos.

Entonces, en Colombia el feminismo apenas está intentando transitar con una agenda propia y con una propuesta de democratización radical, tratando de emerger como una nueva izquierda verde, feminista y descentralizada para este país. Nuestro mandato viene de la calle. Todas somos de la calle; estuvimos en la protesta social en Colombia y siempre hablamos desde la calle hacia las instituciones y desde las instituciones hacia la calle. Mientras no seamos hegemonía nosotras no vamos a poder concretar nuestra propuesta democrática.

Por ejemplo, en una oportunidad nos reunimos con unas organizaciones trans para llevar al Congreso una propuesta para concretar una regulación del trabajo sexual, que está aplazada desde el 2016, y las compañeras abolicionistas nos criticaron en las redes.

Somos ingenuas a veces al pensar que podemos resolver todas las divergencias desde el feminismo, pero creo que el feminismo es el camino posible para Colombia. Planteamos que el feminismo es un proyecto de disenso y de disputa del poder, no es la salvación de la humanidad, y creo que hemos avanzado lo suficiente para dar a entender qué significa disputar y no solamente establecer falsos consensos que pretendan cargar sobre nosotras la salvación de todo.

Elizabeth: Quiero aportar tres cosas a esta lectura. Hay una tradición política colombiana alrededor de los personalismos, que terminan eternizándose en las curules en el Congreso. Entonces, ahí nuevamente nosotras hemos llegado a algunos acuerdos.

Primero, el acuerdo por una senaduría colectiva: si ganamos, vamos a tener por lo menos tres curules en el Senado, las cuales no van a ser ocupadas solo por quienes estamos en los tres primeros escaños, sino por las once mujeres que integramos la lista. Hay unos recursos que vienen por la Unidad de Trabajo Legislativo, de los que dispone cada congresista para poder cumplir con su función; esos recursos serían distribuidos entre todas para que podamos garantizar esa representatividad, ese trabajo de quienes están allí. Por eso armamos esta idea de la senaduría colectiva pensando en que vamos a estar las once trabajando durante esos 4 años.

Lo segundo es la idea de bancada ciudadana, que lo hemos implementado en Medellín y lo proponemos para el Senado, y que es tener los canales y los medios abiertos para poder tomar decisiones con nuestro electorado. Aquí en Medellín hemos hecho asambleas para tomar decisiones, con personas que no son militantes del movimiento pero que se aproximan para decidir sobre asuntos puntuales de interés público. Y va a ser interesante sostener ese diálogo en el Senado, a nivel nacional, para la toma de decisiones colectivas, entre las once, por un lado, entre las dos mil del movimiento, pero además con el electorado. Por eso insistimos con esa imagen de las calles al poder y el poder a las calles.

Y lo tercero es que aún con esos debates que puedan existir al interior del feminismo, buscamos caminar sobre los acuerdos mínimos que tenemos en común y que facilita la existencia de, por ejemplo, líneas programáticas para hacer ese ejercicio colectivo del poder. En este sentido, el caso que nos traía Marta en relación con la regulación del trabajo sexual, más allá del debate ideológico, lo que planteamos es garantizar el derecho y la libertad que el Estado debe proveer. Creo que sobre eso podemos avanzar juntas.

La crisis suscitada por el neoliberalismo, la crisis de la garantía de derechos del Estado colombiano, su debilitamiento y la privatización de los derechos son las grandes urgencias por superar y gran parte de nuestro trabajo es defender la posibilidad de un Estado fuerte que empieza a regular y a interpelar ese modelo económico que aplasta la vida. Ahí hay un gran acuerdo. Estamos Listas es un movimiento que parte de los derechos y de las libertades. Y nuestra consigna es que los derechos no se debaten, se garantizan.

Por |2022-05-10T15:30:35+00:00mayo 10th, 2022|InnContext|Sin comentarios
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