El Sur Global y la guerra en Ucrania.

La invasión rusa a Ucrania terminó por derrumbar la esperanza de que la pandemia nos hubiera enseñado a convivir de otra manera. Otra vez la guerra. En un escenario en que la decisión de Putin debe ser condenada sin matices y a la vez la OTAN no puede ser absuelta, se instala otra vez la guerra. Esta vez, en las calles de Ucrania y en las pantallas del mundo. Desde este lugar del Sur del planeta que habitamos, expresamos la más enérgica condena a la guerra y la fraterna solidaridad con los millones de personas de Ucrania que están sufriendo sus consecuencias. No desconocemos el sufrimiento causado por la violencia que persiste, simultáneamente, en Irak, en Etiopía, en Yemen, en Myanmar, en Siria, en Afganistán, en Palestina, en América Latina o aún en el mismo pueblo ruso. Prestar una especial atención a Ucrania no busca soslayar estas otras víctimas, busca poner de manifiesto el enorme desafío que plantea a la humanidad e interpelar el rol del Sur Global en la preservación de la paz y la democracia.

No es solo un conflicto en Europa. Es una guerra de impacto global que profundiza la desigualdad y amenaza la democracia. Los precios de los alimentos se disparan y la desigualdad en el mundo se profundiza. La carrera armamentista se revitaliza y no hay mayores incentivos a los autoritarismos que la desconfianza y el miedo.

Las instituciones y espacios de gobernanza global se muestran insuficientes. Se reinstala la guerra como una vía posible para la expansión territorial. Legitimar la vía bélica para la ampliación de las fronteras puede alentar la escalada de conflictos existentes entre otros países. En este contexto, la actitud silenciosa, acomodaticia o cómplice de algunos países es decepcionante.

Si el Norte sufre y flaquea, se refuerza aún más la responsabilidad del Sur que somos en asumir un rol más protagónico y no permitir el abandono del gran proyecto ético que nos une como humanidad: democracia, derechos humanos y el cuidado de la casa común. Porque, aunque el fin de la guerra depende de los gobiernos, la construcción de paz duradera depende de la sociedad. Como parte ella, reafirmamos nuestro compromiso con la paz y con el proyecto ético de la humanidad, actuando por el clima, la democracia y la justicia, y exigiendo a los gobiernos la promoción de normativas e instituciones globales que velen por este proyecto.

Esto implica:

  • Exigir a sus gobiernos posicionamientos claros por la paz y el fortalecimiento de la institucionalidad global.
  • Asegurar que las voces de los pueblos indígenas, de las mujeres, de los pequeños productores, de los jóvenes y de los pobres del sur estén presentes en la construcción de un nuevo orden internacional.
  • Abrir las puertas y los brazos a todos los desplazados y migrantes del mundo. Hacer prevalecer la condición hospitalaria del Sur Global. Porque somos descendientes –y en muchos casos sobrevivientes- de múltiples diásporas y entendemos el valor de dar acogida al cercano y al extraño.
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